Es verdad, empeoramos cuando estamos sanando…
Es probable que ya lo hayas notado.
Tal vez incluso te hayas dicho que no tiene sentido, que algo así no debería ocurrir. Uno inicia un proceso de sanación esperando alivio, ligereza, mejora… y, sin embargo, aparece el cansancio, el dolor se intensifica o surgen emociones que parecían superadas.
Habras pensado o te has dicho: ¿estoy sanando o es al revés?
Aunque parezca contradictorio, es parte del mismo proceso.
La paradoja de sanar
Cuando entramos en un proceso de sanación —sea cual sea la etapa que estemos atravesando y el camino elegido para acompañarla, como Reiki, constelaciones, mindfulness u otros métodos— en muchos casos se produce lo que suele llamarse una “recaída”.
En lugar de una mejora inmediata, se da un empeoramiento transitorio de los síntomas, o la aparición de otros nuevos. A menudo esto viene acompañado de un estado anímico más bajo, mayor sensibilidad o una sensación de vulnerabilidad inesperada.
No es un retroceso.
Es movimiento.
La liberación en acción
Sanar no es solo incorporar algo nuevo, sino soltar aquello que ya no necesitamos sostener. Cuando decidimos sanar, lo que se pone en marcha es un proceso de liberación. Lo viejo comienza a retirarse, y al hacerlo, atraviesa nuestra conciencia, nuestro cuerpo y nuestras emociones.
Nos vamos vaciando de residuos acumulados.
Y ese vaciado no siempre es suave.
El espacio que queda
Para que lo nuevo pueda instalarse, lo viejo debe dejar espacio. Y ese espacio que queda libre no es neutro: necesita limpieza, reorganización, puesta a punto. Esa etapa intermedia puede sentirse como desorden, cansancio o caos interno.
Pero no es destrucción.
Es preparación.
El cuerpo y el alma hablan
Cuando comenzamos a sanar aspectos profundos de nuestro ser, el cuerpo y el alma suelen responder. Aparece el cansancio, las ganas de descansar más, el deseo de llorar sin una causa clara, la angustia, el enojo o incluso el rechazo hacia situaciones que antes tolerábamos.
Nada de esto es un error.
Son señales de que algo se está moviendo. Reprimirlas solo prolonga el proceso. Permitir que fluyan —con cuidado, respeto y acompañamiento— ayuda a que la liberación sea más consciente y amorosa.
El permiso de sentir
Sanar no siempre se siente bien. A veces duele, incomoda y desarma. Pero cada emoción que emerge pide ser vista, no juzgada. Llorar, descansar, detenerse o expresar lo que duele no es debilidad: es coherencia con el proceso.
La sanación no exige fortaleza forzada.
Exige honestidad.
Romper para edificar
Para construir algo nuevo, muchas veces es necesario romper, sacar y limpiar. No se puede edificar sobre escombros, ruinas o basura acumulada. Esta no es solo una ley humana: es una ley del universo.
La demolición consciente no destruye:
prepara el terreno.
Sanando las heridas conscientemente.
A modo de cierre
Si sientes que “empeoras” mientras sanas, tal vez no estés retrocediendo. Tal vez estés atravesando el umbral. La incomodidad puede ser la señal de que el proceso está vivo, trabajando en profundidad.
Confía en tu ritmo.
Escucha a tu cuerpo.
Honra lo que emerge.
Sanar no es volver a ser quien eras.
Es permitirte ser algo más verdadero.

Feliz Vida 😊
Las fotos están en su rinconcito 📷




Ay, Amigo Sabio!
Qué identificada me siento con tu entrada de hoy. El proceso de sanación, casi siempre es doloroso. Es normal porque normalmente, nos aferramos a aquello de lo debemos sanar sintiendo que es parte de nuestra vida, algo sin lo que no seremos capaces de seguir. Primero, darte cuenta de que te está dañando, eso ya duele. Después decidirte a soltar, calibrar los cambios, los pros y los contras. Y el vacío. El tiempo que notas el hueco que deja lo que has soltado se hace eterno. Pero los vacíos empiezan a llenarse, despacito. Se recolocan emociones, pensamientos, sensaciones. Todo vuelve a tener sentido finalmente. El proceso es doloroso, cierto, pero con paciencia, confianza y por supuesto, ayuda se vuelve a ver la luz.
Gracias amigo por ponerlo todo en palabras. Por ayudar a visualizar pensamientos y sentimientos. Y gracias por estar ahí.
Abrazo infinito.
Keti querida 😃
Qué claridad la tuya… y qué verdad serena en cada línea. Has descrito el proceso tal como es: no como una idea bonita, sino como un tránsito real, con sus dudas, sus duelos y ese vacío que asusta porque parece no prometer nada todavía.
Sanar duele siempre porque no soltamos cosas:
soltamos personas, seres que queremos o quisimos mucho, costumbres emocionales, maneras de sobrevivir. Y por un tiempo, el alma queda como una casa recién vaciada, donde el eco es lo único que responde. Pero ese eco no es ausencia: es espacio preparándose.
El vacío no viene a castigarnos, viene a enseñarnos a no llenar por miedo.
A confiar en que lo nuevo no llega con ruido, sino despacito, como bien dices. Primero recolocando, luego ordenando y, al final, dando sentido.
Gracias a ti por decirlo con tanta humanidad.
Por recordar que no hay atajos verdaderos y que la luz no aparece de golpe, sino cuando los ojos se acostumbran a la nueva claridad.
Y gracias también por esa última frase… porque estar ahí, acompañando sin empujar, sin prometer milagros, es quizá una de las formas más honestas de amor.
Abrazo de viento a la distancia 🤗 de esos que no cierran procesos, los sostienen 🤗
Ay por favor 🤦♀️ Te juro que así se siente, te duele hasta el alma y esa eterna burla de la mente: volvé atrás, te equivocaste, acaso no ves que todo está peor…
Y lo peor es cuando lo pensamos, mas duele todo 😪
Mira amigo, es tan dura y cruel a veces la vida que duele hasta cuando sanamos.
Excelente tu manera de tratar este rollo👍👏
Lucre 🌾, qué manera tan honesta hs tenido en decirlo… sin rodeos y sin acomodarlo para que suene bonito.
Esa voz de la mente que susurra “volvé atrás” es quizás una de las pruebas más duras del camino. No porque tenga razón, sino porque sabe dónde tocar. Además, ¿cuántos habran comenzado un cambio y al escucharla, sufrieron la confusión y volvieron sobre sus pasos? Seguramente más de los que imaginamos.
Cuando todo parece empeorar, no es que hayamos fallado: es que lo viejo se resiste a irse.
Y la mente, acostumbrada al dolor conocido, prefiere lo familiar antes que lo incierto, aunque lo incierto sea más sano.
Duele el alma, sí. Seguro que sí.
Duele más cuando lo pensamos en exceso, también.
Pero ahí dejaste, casi sin querer, esas migas de pan tan importantes: no todo lo que duele es retroceso. A veces es ajuste, reacomodo, parto interior. El verdadero trabajo de sanar.
La vida puede ser dura, incluso cruel… pero sanar no es una burla: es un acto de valentía silenciosa, de esos que no se aplauden pero transforman.
Gracias por decirlo así, claro, real, humano.
A veces una frase breve abre más puertas que un discurso entero 🤍
Hola Sabio amigo 🩵
Tienes toda la razón en esa gran labor de contarlo así al proceso de sanar y es verdad, supongo que siempre que sanamos pasamos por eso pero no siempre nos damos cuenta, antes pensamos que la vida nos juega en contra, que estamos equivocados y es tan cierto eso que la cabezona nuestra no para de hacer ruido y decirnos que volvamos atrás.
Te mando un abrazo 😘
Te cuento se me hizo larga la semana 😂 no llegaba nunca el miércoles para leer o descubrir que nos traías 😂😂
Rebeca querida 😃, qué lindo leerte, siempre… y qué verdad tan buena la tuya.
Esa sensación de duda no es un error del camino: es parte del camino. Cuando sanamos, la vida no se vuelve enemiga; lo que se incomoda es la mente, esa cabezona —como tan bien la llamás— que hace ruido porque pierde el control de lo conocido.
Antes creemos que todo va en contra, que nos equivocamos, que retrocedemos…
y en realidad estamos cruzando un umbral. Lo viejo patalea, lo nuevo todavía no tiene forma, y ahí aparece la confusión. Pero no es caída: es tránsito.
Me gusta mucho eso que dejás entre líneas: no siempre nos damos cuenta. Y tal vez ahí esté la clave, en aprender a reconocer el momento, a no creerle tanto a esa voz que invita a volver atrás solo por miedo.
Y confieso que me hizo sonreír eso de esperar el miércoles 😊
No por el día, sino por lo que simboliza: el encuentro, la pausa, el compartir algo que no corre, que no exige, que simplemente acompaña.
Gracias por estar, por leer con el corazón abierto y por decirlo con esa mezcla tan tuya de ternura y verdad 🩵
Abrazo grande de viento a la distancia, de esos que calman el ruido interno 🤗
Hola 😃
Una pregunta porque al menos a mí me sucedió o sucede 🤭
Qué ocurre cuando empezamos el cambio, sacar personas, cosas y… aparece la mente como muchos he leído comentan, nos dice vuelve, te has equivocado y… le hacemos caso y quedamos en esa suerte de limbo donde no cambiamos y tampoco lo viejo sirve 🤔
Muy bueno el tema y tu presentación 👍
Tania , qué buena pregunta… y qué honesta. Lo que describís no es un fracaso, es uno de los cruces más delicados del camino.
Eso que sentís —ese limbo— aparece cuando el alma ya dio un paso adelante, pero la mente, asustada, tira del brazo para volver atrás. Y cuando le hacemos caso, no regresamos a lo conocido de antes… quedamos entre dos orillas.
Lo viejo ya no sostiene, lo nuevo aún no se encarnó. Y duele.
Ahí pasa algo importante: la mente no intenta cuidarte del cambio, intenta cuidarte del vacío. Porque el vacío asusta más que el dolor conocido.
Ese limbo no se resuelve volviendo atrás del todo ni forzando un salto heroico hacia adelante. Se atraviesa con conciencia y paciencia. Mirando sin juicio lo que ya no funciona, y aceptando que todavía no sabemos cómo será lo nuevo. Es un tiempo de gestación, no de definición.
Una pista te dejo: si algo “viejo” vuelve pero ya no encaja, ya no calma, ya no ilusiona como antes… entonces no es el camino, es solo el miedo pidiendo refugio.
El cambio real no se siente épico. Se siente torpe, lento, inseguro. Pero tiene una señal inconfundible: aunque duela, se siente honesto.
No estás perdida. Estás aprendiendo a no mentirte.
Gracias por animarte a poner en palabras algo que tantos viven en silencio. A veces una pregunta así es exactamente lo que otros necesitan leer para entender que no están rotos… están despertando ✨
Abrazo sereno de viento a la distancia 🤗
Cambiar cuando decidimos sanar es como pedir una pizza 🍕 que después no te gusta 🤮 igual te la tienes que comer a toda porque la pediste 😂😂
😂✨ Totalmente, Sandra… ¡y qué bien lo dijiste!
Sanar es exactamente eso: mirar la pizza, darte cuenta de que no era como la querías o esperabas… pero recordar que la pediste vos, desde un hambre más profunda.
A veces no se trata de disfrutar cada bocado, sino de honrar la decisión que tomamos cuando aún nos queríamos un poco más.
Después vendrán otros sabores, mejores combinaciones, pero esta… esta había que atravesarla.
Gracias por traer humor a un proceso que suele doler.
La risa también sana, y mucho 🍕🤍
Sufrimos, decimos voy a sanar, cambiar, sacar lo viejo y también sufrimos.
Nos dejan, nos dicen que el amor se acabó y sufrimos, mucho, muchísimo.
Pero lo decimos nosotros porque no podíamos más y no nos salvamos de sufrimiento.
La vida es eso, es sufrimiento con pequeños paréntesis de calma y gotitas de alegrías.
Seguramente el alma solamente aprende a través del sufrimiento, otra cosa no puedo pensar.
Marquesa… lo que dices, yo no lo voy a negar ni discutir, me parece una voz que nace de un cansancio profundo. Entonces, cuando el cansancio habla, suele decir verdades a medias vestidas de dolor.
Es cierto: sufrimos cuando nos quedamos y sufrimos cuando nos vamos.
Sufrimos cuando amamos y cuando el amor se termina.
Y duele todavía más cuando hacemos lo correcto para el alma pero no para el apego.
Nada de eso es mentira.
Pero quizá la vida no es sufrimiento, sino resistencia al movimiento.
El sufrimiento aparece cuando algo ya no puede seguir siendo y nosotros intentamos sostenerlo igual.
Cuando soltamos, duele.
Cuando no soltamos, también.
La diferencia no está en el dolor, sino en qué nace después.
El alma aprende con lo que la despierta, y a veces el dolor despierta porque grita fuerte, es imposible no notarlo.
Pero no es el único maestro.
También se aprende con la ternura, con la calma, con una risa inesperada, con un silencio que no pesa.
Solo que eso enseña bajito… y cuando estamos rotos, cuesta escucharlo.
Tal vez esos “paréntesis de calma” que nombras no son premios pequeños,
sino la vida misma,
y el sufrimiento es lo que ocupa demasiado espacio cuando olvidamos mirarlos.
No estás equivocada en lo que sientes.
Pero quizá no todo lo que duele vino a enseñar…
algunas cosas solo vinieron a pasar y no merecen convertirse en la definición de la vida.
Eso al menos pienso sobre la vida y el sufrimiento.
Te abrazo en esa honestidad cruda.
Incluso ahí, el alma también respira 🤗
Uff sabio,
Hoy sólo saludarte,
Estoy constipado y baldado…
Estaré soltando algo muuuuuuy gordo,
Abrazotes!!
😂 Ay, Lagartija Brava… hasta cuando “solo saludas” dejas una pista.
A veces el cuerpo habla: Nariz tomada, cuerpo rendido, energía en pausa… suele ser lenguaje antiguo:
soltar sin explicar, drenar sin entender, aflojar sin teoría.
Hay cosas que cargamos, que se desprenden mejor con fiebre, sueño, silencio y una manta encima.
El guerrero también sana cuando se permite estar baldado, no solo cuando lucha.
Siempre saludar es presencia y se devuelve con agradecimiento.
Abrígate, descansa, deja que el cuerpo haga lo suyo.
Ya habrá día para volver a pensar, hilar, preguntar…
hoy toca dejar ir sin esfuerzo.
Abrazo grande, de esos que no aprietan pero sostienen 🤗
Me gusta lo que escribes y como te paras frente a las religiones. Todos esos antros llamados espirituales donde hay abusos de poder de todo tipo: robos, violaciones, estafas. Son todas sectas para gente débil que necesita «pertenecer y creer para sobrevivir». Entendible por parte de los fieles, abominable desde estas instituciones corruptas.
Hoy en dia el sacerdocio Concilio Vaticano 2 esta regido por el socialismo el comunismo y el marxismo. No es una misa catolica. Ademas de ser un verdadero desastre la calidad de evangelio que dan los sacerdotes de hoy en dia, tratan a los fieles como pavos y hablan como pavos como sobrando a la poblacion de lo que son. Que no dan ningun tipo de sermon ni ningun tipo de consejo de nada son marionetas de una cupula comunista disfrazado de Papa, porque todos son iguales.
La Excomulgacion, para algunos, es mas premio que castigo. Considerando sus errores y anacronisnos, muchos se preguntan si quieren pertenecer a la Iglesia o mirarla desde afuera. Otros cultos menos antiguos estan recibiendo a sus fieles. ¿Sera el principio de su fin?
Tú sigue, que lejos de las religiones muchos descubrimos el camino dentro nuestro que nos conduce a nuestro verdadero ser y el supremo.
Fabian, gracias por tomarte el tiempo y animarte a decir lo que muchos sienten y pocos ponen en palabras. Se nota que escribes desde una experiencia pensada, quizá también herida, y eso merece mi respeto.
Dicho esto —y con la misma honestidad— siento importante correr el eje de algunas cosas, no para contradecirte, sino para volver al espíritu del espacio.
El blog nació holístico y siempre se paró en esa mirada, nunca intentó pararse contra ninguna religión ni a favor de otra. Tampoco busca señalar, denunciar o juzgar instituciones, dogmas o personas. No porque no existan sombras, ni satanistas disfrazados de religiones —las hay en todos los ámbitos humanos— sino porque ese no es el territorio que elegimos habitar aquí.
La mirada es otra.
Más silenciosa.
Más interior.
Más cercana al alma que a las estructuras.
Es cierto algo muy profundo que dices, y ahí sí nos encontramos: la espiritualidad no necesita intermediarios.
No porque los otros no puedan acompañar, sino porque el vínculo más real siempre es íntimo, directo, desnudo.
Cuando el camino espiritual se vuelve obligación, pertenencia forzada, miedo, culpa o negocio… deja de ser camino y se transforma en peso.
Y cuando se convierte en bandera, poder o discurso que separa, pierde su esencia.
Pero también es cierto que hay personas que, dentro de tradiciones religiosas, viven una fe sincera, humilde, amorosa, sin abusos ni imposiciones. Y otras que, fuera de toda religión, caminan con una espiritualidad profunda y honesta. El alma no entiende de etiquetas.
Por eso aquí hablamos de conciencia, no de credos. Nuestra mirada es holística. De responsabilidad interior, no de salvaciones prometidas. De caminar, no de pertenecer.
Si este espacio resuena contigo es justamente por eso: porque invita a mirar hacia adentro, a escuchar la propia voz, a recordar que lo sagrado no vive en templos ni discursos, sino en cómo vivimos, cómo amamos y cómo atravesamos el dolor.
Gracias por estar, por leer y por aportar tu mirada.
Mientras el intercambio sea desde la reflexión y no desde la confrontación, siempre será bienvenido.
Un abrazo sereno para vos 🤗
Sanamos actualmente 🤔
Te lo pregunto porque hace poco leí un artículo que parecía bien fundado donde sostenía que desde el 2012 todo el tiempo cambió y aunque no nos demos cuenta, hemos pasado a otra línea de tiempo y lo explicaba como si fuese una suerte de dimensión diferente.
Se que suena extraño cierto🤔
Pero según eso, estamos en un tiempo donde es muy difícil sanar por el grado de conflictos, confusión y cantidad de energías densas que estamos atravesando.
Lo único que adentro me alivia es que decía era un tiempo de transición que aunque difícil, es como todo tiempo, pronto va a quedar atrás.
Me encanta leerte y ese trato que tienes hasta con los cascotes de la vida 🤭
😘😉
Malisa, tu comentario me gusta mucho por una razón muy simple: no afirma, pregunta. Y cuando alguien pregunta desde la curiosidad y no desde el dogma, ya está sanando un poco, aunque no lo sepa 😉
Es cierto que esa teoría existe. Yo también la he leído, escuchado, incluso sentido en relatos de muchas personas. La idea de un “cambio de línea de tiempo”, de un antes y un después alrededor del 2012, aparece en distintas corrientes espirituales, filosóficas y hasta simbólicas.
Mirá, algunas lo explican como un salto de conciencia, otras como una transición energética, otras simplemente como un cambio profundo en la forma en que vivimos y percibimos el mundo.
Ahora bien —y aquí va lo importante— no creo que sea necesario tomarlo de manera literal, como si estuviéramos en otra dimensión con coordenadas nuevas. A veces el lenguaje simbólico intenta explicar algo mucho más humano y sencillo: el mundo se volvió más rápido, más ruidoso, más exigente, y eso deja al alma con menos silencio para acomodarse.
En ese contexto, sanar puede sentirse más difícil, sí. No porque sea imposible, sino porque sanar hoy implica ir a contracorriente. Implica detenerse cuando todo empuja a correr, escuchar cuando todo grita, elegir conciencia cuando la confusión parece ser la norma.
Por eso muchas personas sienten que “empeoran” cuando sanan. No es que el proceso no funcione, es que al bajar la anestesia, duele lo que antes estaba tapado. Y además, sanamos dentro de un mundo que no siempre acompaña, que a veces incluso incomoda cuando uno cambia. Hablamos bastante de eso y con frecuencia.
Lo que dices de la transición me resuena mucho. Los tiempos de paso nunca son cómodos. Son como esos pasillos largos entre una habitación y otra: no son destino ni origen, son cruce. Y en los cruces, todo se mueve, se reordena, se cuestiona y en realidad no estás ni en un lado ni en otro en ese tránsito.
Así que quizás no se trate de si “ahora se puede sanar o no”, sino de cómo sanamos:
– con más paciencia,
– con menos exigencia,
– con más compasión hacia nosotros mismos.
Y por eso también creo —como decía ese texto que leíste— que ningún tiempo es eterno. Ni los oscuros, ni los densos. Todo pasa. Todo muta. Incluso nosotros.
Gracias por leer con esa sensibilidad tan especial y por decirlo con esa dulzura que le pones hasta a los cascotes de la vida 💫
Un abrazo grande de viento a la distancia 🤗