REENCARNACIÓN – VIDA DESPUÉS DE LA VIDA

Hoy hablamos de la reencarnación

La eterna pregunta: ¿qué hay más allá de la vida?

Dios sigue sin pronunciarse. Mientras tanto las almas encarnadas en este mundo dual transitan su tribulación en silencio, desamparadas ante el sufrimiento. Rodeadas de sombras, de razas recesivas y de portales orgánicos; tribulaciones que se abren y se cierran como párpados de la existencia.

Muchos, en voz baja.

—o quizás porque intuyen cosas que otros aún no alcanzan a ver—

Se preguntan si no somos, después de todo, la creación de un dios menor. O de un ángel caído que soñó con hacerse creador.

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¿Existe el más allá?

El ser humano no tiene la respuesta. Solo la busca. Recorre su existencia entera preguntándose si hay un más allá. Y cuando por fin se atreve a aceptar que sí. Se pregunta enseguida qué será de esa otra orilla, qué será del alma después de la muerte.

Y aquí llega la primera verdad silenciosa. Solo cada alma tiene su propia respuesta a su propia pregunta. ¿Hay vida después de la vida? Cada quien lo sabe a su manera, en su propio idioma interior.


Los mundos separados

El mundo espiritual siempre ha sido presentado. —o nos han hecho creer que así es—

Como algo diferente, separado, casi irreconciliable con el mundo de la materia y la razón. Pero quienes venimos, desde hace tiempo, levantando piedras para buscar lo que se esconde debajo. Pisando el barro para saber si es dulce o es amargo como otros dicen. Terminamos descubriendo que ciencia y espíritu tienen más puntos de encuentro que de distancia. Extraño, pero así es.


Quizás no sea más que otro engaño

Nos hicieron creer que la ciencia es opuesta a lo espiritual. Que quien nada en sus aguas no puede nadar en las del otro lado, y viceversa. Sin embargo, cualquier chamán —muchas veces sin siquiera saberlo— fusiona en cada ritual la ciencia con la espiritualidad. La química de las plantas sagradas con las visiones del mundo invisible; el ritmo constante del tambor, —hoy comprobado científicamente que, a determinadas frecuencias, altera la función cardíaca y las ondas cerebrales— Con el trance en el que el chamán viaja al mundo espiritual gracias a ese mismo sonido.

Cuando unimos la mirada espiritual con la mirada científica, muchas preguntas empiezan a encontrar respuesta. Y entonces vuelvo a la pregunta que compartía antes. ¿No será otra trampa más eso de que espíritu y ciencia son opuestos? Quizás por eso, desde siempre, nos repitieron que ciencia y espiritualidad no pueden ir de la mano.

Así llegamos a una primera pregunta, simple en apariencia: ¿qué es la muerte? Y aquí, sorprendentemente, ambos mundos coinciden. Es el fin de la vida, el instante en que el hálito se apaga y la materia se vuelve inerte. El mundo espiritual lo sabe, lo siente, lo comprende. La ciencia también lo sabe, lo explica, e incluso lo puede medir con sus aparatos. En esta primera pregunta, no son tan diferentes.

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El otro lado

La cosa cambia con la pregunta que sigue: ¿hay vida después?

La inmensa mayoría del ser humano da por hecho que el alma no muere. Que su parte espiritual continúa su viaje en otros planos. Algunas religiones creen en un destino lineal, con un cielo como premio o un infierno como castigo, pero ninguna de ellas duda de que la existencia continúa.

Otras, en cambio, hablan de una sucesión de vidas y muertes, interrumpida apenas por breves descansos. A ese proceso lo llamamos reencarnación.

Las tradiciones que aceptan este camino de evolución del alma difieren solo en la forma en que ese aprendizaje se cumple. Algunas hablan de un número determinado de vidas; otras, de alcanzar cierto grado de evolución espiritual; otras sostienen que el alma permanece atrapada en esa suerte de rueda hasta la llegada de un ser superior que la libere.

La reencarnación

Desde la mirada mística, aceptamos que existe una energía inmortal que ocupa un recipiente finito al que llamamos cuerpo. Cuando ese recipiente se deteriora, la energía liberada busca un nuevo cuerpo para regresar a la vida. Algo común a todos los animales y a todo ser vivo, un pulso que se repite en cada rincón de la naturaleza: la semilla que muere para que nazca el árbol, la oruga que se disuelve para que nazca la mariposa.

Miradas diferentes

Aunque muchas formas de pensamiento aceptan la reencarnación como el camino en que el alma aprende y evoluciona. No todas coinciden en cómo sucede, ni en cuál es exactamente el ciclo del alma en su retorno.

Algunas filosofías dicen que debe transcurrir un año desde la muerte física. —porque no olvidemos que hay una segunda muerte, la del cuerpo astral—. Otras afirman que el regreso es casi inmediato. Otras sostienen que un alma puede deambular hasta cuarenta años como desencarnada si no supo encontrar el camino, o si no fue lo suficientemente bien guiada antes de volver a encarnar. Y por último, hay quienes sostienen que el tiempo de descanso dependerá de la evolución espiritual alcanzada en la vida anterior. Cuanto más crece el alma, más largo es su descanso entre vida y vida.

Recordemos que esos descansos son, para muchas religiones, lo que llamamos «los cielos«.

Una última postura

Existe, finalmente, un grupo de filosofías que sostienen que encarnar -reencarnación cuando es un ciclo- es una decisión libre que el alma toma. Un acto de voluntad para regresar a un nuevo aprendizaje y seguir evolucionando en su largo viaje.

Aprendizaje y evolución

Sea cual sea el camino, la única finalidad común a todas estas miradas es la evolución del espíritu, en busca de fusionarse otra vez con la energía universal. La chispa divina, a la que solemos llamar Dios.


El limbo

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Muchas corrientes espirituales hablan de un lugar inespecífico, interdimensional, donde las almas aguardan antes de volver a ocupar un cuerpo. Para las creencias lineales, como el cristianismo, ese lugar también existe, pero allí solo van las almas que no alcanzaron a recorrer suficiente camino como para ser «evaluadas» o juzgadas. Los muertos sin bautismo, los bebés prematuros, las vidas vegetativas o sin raciocinio desde el nacimiento. Esas almas esperarán allí el juicio final que estas religiones creen que llegará al final de los tiempos. (recordemeos que esa forma de pensamiento no cree en la reencarnación).

Los místicos esotéricos, en cambio, sostienen lo contrario. Que el final de los tiempos ocurrirá recién cuando el limbo quede vacío, cuando ya no haya más almas esperando reencarnar.


¿Qué dice la ciencia?

Veamos ahora la reencarnación desde la mirada de la ciencia.

Cada ser vivo posee un genoma: el conjunto de información genética guardada en el ADN. Ese ADN contiene las instrucciones que determinan cómo se forma nuestro cuerpo. Cómo funcionan nuestros órganos, y buena parte de lo que nos hace ser quienes somos.

Cuando dos personas conciben un hijo, esa información genética se combina y se reorganiza, dando origen a un nuevo individuo, único e irrepetible. Dicho de manera sencilla, somos —en esencia— un código biológico, una secuencia de información que da forma a un organismo vivo. Si algún día lográramos conocer ese código por completo, y fuéramos capaces de reproducirlo con exactitud, en teoría sería posible crear una réplica idéntica. ¿Recuerdas cuando hablamos de la clonación?

Es cierto que la probabilidad de que una misma combinación genética aparezca de manera natural es, en la práctica, casi imposible. Pero esa probabilidad cambia por completo cuando dejamos de pensar en un solo lugar y en un solo momento.

Si ampliamos la mirada y consideramos los miles de millones de años de historia del universo, junto con la inmensa cantidad de estrellas, planetas y posibles formas de vida que podrían existir, el número de oportunidades crece de manera extraordinaria.

Teorías que abren puertas

Algunas teorías científicas plantean incluso que el universo podría ser infinito, o cíclico. Que se expande y se contrae de manera continua, como un pecho que respira. Si algo así fuera cierto, el tiempo y las posibilidades dejarían de tener un límite claro.

Desde esta perspectiva, la idea de que una misma configuración biológica pueda repetirse en algún punto del universo deja de sonar como una imposibilidad absoluta. No sería una reencarnación entendida como el regreso de un alma en el sentido tradicional. Sería como la posibilidad de que una misma organización de materia y de información vuelva a existir, en otro lugar o en otro tiempo.

Y si a esto sumamos la variable de la infinidad de especies posibles, las probabilidades de que se repita un mismo código genético se asemejan a las de acertar los números exactos de una lotería jugada una y otra vez, a lo largo de una eternidad. Y si la secuencia genética llegara a repetirse idéntica, tendríamos, de hecho, al mismo ser vivo. Un hecho tan evidente que hoy la ciencia ya no puede negarlo del todo.

Un puente inesperado: la física cuántica y la memoria del universo

Hay quienes van un poco más allá y encuentran ecos de esta misma idea en la física cuántica. En la llamada «resonancia mórfica» que propuso el biólogo Rupert Sheldrake, o en el inconsciente colectivo del que hablaba Carl Jung. La idea de que existe una memoria compartida, un campo de información que todos los seres vivos tocan de alguna manera. Y del cual bebemos sin saberlo cada vez que soñamos, intuimos, o sentimos una certeza que no podemos explicar con palabras.

No hace falta demostrarlo del todo para sentir que ahí hay algo. La ciencia y el espíritu, otra vez, se dan la mano en la oscuridad, tanteando la misma pared desde lados distintos.


Reencarnación no es sinónimo de resurrección

La reencarnación y la resurrección no son sinónimos. La reencarnación sostiene que, después de la muerte, el alma renace en un cuerpo distinto. Y que también puede atravesar múltiples vidas sucesivas. La resurrección, en cambio, sostiene que la misma persona vuelve a la vida recuperando su propio cuerpo —aunque este pueda ser transformado según la tradición religiosa— tras haber experimentado la muerte.

La diferencia fundamental no es solo el número de vidas, sino la relación entre la persona y el cuerpo. En la reencarnación hay sucesivos cuerpos; en la resurrección hay el retorno a la vida de la misma persona en su propio cuerpo.

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La mirada de las religiones que sostienen la reencarnación

Se apoyan en la creencia de que, tras la muerte, el alma o la conciencia renace en un cuerpo diferente. Este proceso puede repetirse múltiples veces. Es una doctrina presente, con distintas variantes, en religiones como el hinduismo, el budismo (aunque con matices importantes sobre qué «renace»), el jainismo y algunas corrientes esotéricas.

La mirada de las religiones lineales

Las religiones lineales se apoyan en la creencia de que una persona que ha muerto vuelve a la vida en relación con su mismo cuerpo en un momento específico que llaman el final de los tiempos. Dependiendo de la tradición religiosa, ese cuerpo puede ser restaurado, transformado o glorificado, pero sigue siendo la misma persona recuperando su propia existencia corporal. Esta es la concepción característica del judaísmo, el cristianismo y el islam, aunque cada una la entiende de manera particular.


Oriente, Occidente y los pueblos originarios: un mismo río con distintos nombres

Si viajamos con la mirada hacia Oriente, encontramos el samsara. La rueda de nacimientos y muertes de la que habla el budismo y el hinduismo, movida por el karma, esa ley invisible de causa y efecto que teje cada vida con la anterior. Allí, el objetivo final no es simplemente volver a nacer, sino liberarse de la rueda —el moksha, el nirvana— y disolverse en la conciencia universal.

Si giramos la mirada hacia los pueblos originarios de América, encontramos otra forma de nombrar lo mismo. Los antepasados que regresan en los nietos, los espíritus que habitan la montaña, el río o el animal totémico. La certeza de que la muerte no es una puerta que se cierra sino un umbral que se atraviesa hacia el mundo de los ancestros, desde donde se sigue acompañando a los vivos.

En el antiguo Egipto, el alma —el ka y el ba— emprendía un viaje por el inframundo antes de renacer o de fusionarse con lo eterno. En las tradiciones aborígenes de Oceanía, el llamado «Tiempo del Sueño» sostiene que los antepasados nunca se fueron del todo: siguen tejiendo la realidad desde un plano paralelo al nuestro.

Distintas lenguas, distintos rituales, un mismo susurro de fondo. La vida no termina, simplemente se transforma.


La voz interior

El ser humano lleva algo adentro que le habla, le sugiere, le insinúa, le advierte, y lo siente a lo largo de toda su existencia en este mundo dual. Esa voz le dice que el alma no muere, que continúa en otros planos y de otras maneras que no sabe explicar, pero que siente con la misma certeza con la que siente el propio latido.

Para algunos, es la mente la que le susurra al ser humano que la conciencia es eterna e infinita. Para otros, la mente es ajena a esa voz, y nada sabe de ella.

Sea cual sea el origen de esa voz interior, ella le dice al hombre que la vida continúa, que hay un más allá. El resto, todo lo que queramos añadirle, puede formar parte del engaño y la tergiversación de las distintas religiones, o simplemente de lo que nos convenga creer para poder seguir caminando.

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Una mirada chamánica

Todo chamán sabe que puede viajar al mundo de arriba, al mundo medio donde habitan los devas y los espíritus de la naturaleza, y sin dudarlo, al mundo de los muertos. Sabe que ese mundo existe, conoce sus paredes y a los espíritus que las habitan. Sabe que la muerte, tal como la tememos, no existe. Es apenas un cambiar de estado, como lo hace el sueño cada noche, como lo hace el despertar cada mañana.

En un instante estás despierto, y sin darte cuenta has cruzado al mundo de los sueños. La única diferencia entre ese cruce y la muerte es que, cada mañana, regresas. Cuando mueres, ya no vuelves a hacerlo, al menos no de la misma forma.

Mientras vives, el cordón plateado permanece intacto, uniendo cuerpo y alma. Cuando mueres, ese cordón se rompe, y el alma emprende un vuelo más alto, con nuevas escalas por recorrer.


A modo de conclusión

Si me preguntas qué pienso, te diré que ya lo he dicho hablando de la mirada chamánica. Creo, desde mi propia vivencia y no desde un libro ajeno, que la muerte es apenas un cambio de estado. Una puerta que se abre hacia otra habitación de la misma casa. He sentido, en trance y en silencio, que el alma no se apaga. Se transforma, como el agua que se hace vapor y luego vuelve a caer como lluvia sobre otra tierra.

No necesito que la ciencia me lo confirme para saberlo, pero me alegra profundamente que, cuanto más avanza, más se acerca a decir lo mismo que los antiguos ya susurraban junto al fuego. Quizás la reencarnación no sea un dogma que haya que creer. Sino una experiencia que, tarde o temprano, cada alma termina por recordar por sí misma.

Y si algo he aprendido en este largo camino de preguntas sin respuestas cerradas, es que no importa el nombre que le demos.

—Samsara, cielo, limbo, cordón plateado, código genético que se repite en las estrellas—.

Todos apuntamos, desde distintas orillas, hacia el mismo río. Un río que no termina en el mar, sino que vuelve, una y otra vez, a nacer en la montaña.

La muerte no es el final de la historia. Es apenas el cambio de capítulo.


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Feliz Vida 😊

Las fotos están en su rinconcito 📷

2 comentarios en “REENCARNACIÓN – VIDA DESPUÉS DE LA VIDA”

  1. Buen Post compañero del camino!!

    Como ya dices, diferentes culturas y religiones, desde distintos puntos del mundo y del tiempo, hablan de los mismos conceptos, tienen las mismas preocupaciones y se hacen preguntas similares. Las respuestas varían , pero nos hacen intuir un senda por la que guiar nuestro caminar.

    Certezas no hay.
    Cada uno ha de sentirlo dentro de él.
    Sentir y pensar.
    Solo los crédulos se agarran a una doctrina sin cuestionarla.
    Sentir y pensar.
    ..
    Estoy de acuerdo cuando dices que la muerte es solo un cambio de estado… Otro más, puesto que durante la vida ya se dan otros, algunos sutiles y otros no tanto. Es una bonita conclusión para este post.

    Los científicos, no aportan mucho en este tema, como mucho, alguno habla de espiritualidad, sin contar nada nuevo, pero parece tener más credibilidad por ser científico… Me parece más auténtica una experiencia contada en un foro, por alguien que casi no sabe escribir, pero necesita transmitir algo que le ha pasado y que no tiene explicación.

    Creo que me estoy empezando a repetir, amigo…

    Gracias por tu aporte en nuestro despertar… De corazón maestro…
    En este momento de tanto balón y pasión… Aún queda un espacio de introspección genuino.

    Qué tengas un fantástico día.
    Un abrazo enorme!!!

    1. Lagartija Brava, compañero de camino 😃

      La verdad que tu comentario, es una ofrenda. Se nota que las palabras te salen desde un lugar que ya no piden permiso, desde ese sentir-pensar que mencionas y que es, quizás, la única brújula honesta que tenemos.

      Tienes toda la razón: certezas no hay, y creo que ahí reside justamente la belleza del asunto. Si la vida después de la vida viniera con manual de instrucciones, dejaría de ser misterio para volverse dogma, y el dogma —como bien dices— es alimento de crédulos, no de buscadores.
      Nosotros, los que caminamos preguntando, no necesitamos que nos cierren la puerta con una respuesta; necesitamos que nos dejen la ventana abierta.

      Me quedo pensando en tu idea que la muerte es «otro cambio más», uno entre tantos que ya vivimos sin darnos cuenta: cada noche que dormimos y no somos el mismo al despertar, cada duelo, cada amor que termina y nos deja transformados. Vamos muriendo y naciendo todo el tiempo, en dosis pequeñas, como entrenamiento para el gran salto.

      Y es verdad, también coincido plenamente contigo sobre la ciencia. Le sobra método y le falta alma para estos temas. Un testimonio torpe, mal escrito, tembloroso, de alguien en un foro perdido de internet, contando algo que no puede explicar pero que sintió en las entrañas, muchas veces contiene más verdad que cien papers con bibliografía. La verdad no siempre necesita credenciales; a veces solo necesita ser vivida.

      Gracias a ti, hermano, por sostener este espacio de introspección en medio de tanto ruido, tanto balón y tanta pasión externa, como bien nombras.
      Que sigamos encontrándonos aquí, en este rincón donde todavía se puede sentir sin que nadie se burle, y pensar sin que nadie te apure.

      Un abrazo enorme, de viento a la distancia de vuelta 🤗

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