MEMORIAS DE LOS SABIOS Y CIEGOS

Memorias…

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Memorias de Agradecimiento

Al cálido abrigo del espíritu guardián de la gran sabia Nena Barale. Chamana, curandera de mis queridas sierras de Córdoba, tantas veces caminadas.

La eterna imagen de sus ojos pálidos, su mirada profunda y sus manos de piel arrugada; siempre con una ramita apretada entre sus dedos.

En la eterna memoria. Siempre presente de ese olor a tomillo, poleo y palo amarillo que la seguía como ya parte de su aura, de su esencia.

Su inmensa sabiduría. Capaz de reconocer un honguito de Dios a más de veinte metros, sin siquiera dar lugar a la duda o al debate.

Al Universo las gracias eternas por haber podido cruzar mi sendero con el suyo. Y quedarme triste y añorando, cuando no volví a encontrar más la sabiduría de aquella anciana

Memorias…

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Eterno Agradecimiento

Al gran maestro Pedro Guevara, extraña mezcla de criollo desconfiado con su imagen aborigen de piel oscura y días sin tiempo.

Quien me adiestró en el arte de conocer las hierbas de nuestras sierras, sus usos cotidianos y milenarios.

Callado, reservado, casi enojado con todos y con nadie. Sus hijos fieles como perros de caza. Siempre a su lado convirtiendo cualquier trozo de rama en una artesanía de valor incalculable.

Arte que vino en sus venas y en su sangre del lejano Chaco salteño, cuando aquella mujer que eligió de compañera, debió seguir sus aprendizajes en otras vidas. En otros mundos donde moran los espíritus de los que dejan el cuerpo.

Un Maestro

Y aprendí de su boca el arte de las hierbas; el olor de sus diferencias y hasta la cantidad de sus hojas o sus tallos para curar los males del hombre en esta tierra… Pero lo que sin duda marcó mi vida para siempre, fue la tarde aquella que rodeando al fogón supo darme en custodia el sagrado don de poder ver el aura de los seres que habitamos este mundo.  Los de luz y los no tan luminosos. Los animados y los que parecen inmóviles por su vida en el reino vegetal.

Siempre está un espacio en mi corazón sólo reservado para honrar su presencia. Su lugar de maestro pese a disgustarse tanto cuando así se lo decía. Si hasta de noche siempre temo se aparezca en mis sueños como solía hacerlo cada vez que se lo proponía o previamente me advertía iba a suceder.

Y hasta el día de hoy, cuando miro al cielo o me tiendo sobre la hierba. No termino de comprender cuan grande fue su disgusto cuando con gran alegría le confesé que había recibido mi primera iniciación en Reiki.

Quizás lo vio como una traición, quizás simplemente no lo comprendió; pero nunca más volvió a ser el gran Pedro Guevara que yo siempre conocí.

Memorias…

 

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Despertar

… Sucedió un domingo después del mediodía, cuando presuroso después de almorzar, acudí a visitar a mis amigos que por aquella época vivían en Molinari. Un pueblito de las sierras de Córdoba entre Cosquín y valle Hermoso. Como cada domingo, siempre que el tiempo lo permitiese. Encendían el fogón en el patio, justo enfrente de la casa y se sentaban a su alrededor. Sin apuro, sin prisa, sin tiempo a «confesarse» con el fuego.

Recuerdo que llegué, saludé y simplemente levantaron la vista y en un saludo casi sin palabras, casi exigiendo continuar el silencio plantado. Me dijo el padre: «Siéntese». Sin dejar de prestar atención a las acciones. Uno de sus hijos hacía las veces de maestro de ceremonia.

Doblé mi manta de alpaca haciendo las veces de almohadón. La acomodé continuando el círculo imaginariamente formado por ellos. Acomodé las piernas como si fuese a empezar una extensa meditación de yoga.

Antes de terminar de comprender realmente a que estaban abocados, el mismo padre se puso de pié. Cortó con sus manos varias ramitas de unos veinte centímetros de largo cada una; las agrupó en su puño y las tendió hacia mis manos. «Piense en las cosas malas que ha hecho durante la semana» -me dijo- «Piense tranquilo, no se turbe» -agregó- » Y por cada macana que se vaya acordando, use una rama y arrójela al fuego» -acotó- «Si necesita más ramas, levántese y córtelas usted mismo de la leña» -terminó diciendo- Casi imaginando o sabiendo que tenía muchas cosas por desterrar de mi interior.

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El Tambor..

Así fue..  pasando la tarde al son de un tambor monótono que nunca dejó de sonar siquiera un instante; por momentos había mucho humo en el aire, como obligando a tener los ojos siempre cerrados para no llenarse de lágrimas.

Puñados de salvia blanca caían ocasionalmente al fuego, alternándose con puñados de moradillo.

Quizás cuando ya nadie arrojaba más trocitos de rama al fuego, o seguramente cuando era el momento preciso -nunca explicaban los pasos de sus ceremonias y si le preguntaba, tampoco lo hacían – el tambor comenzó a sonar más de prisa, pero siempre de manera monótona, casi aburrida. Recuerdo que simplemente miraba el fuego con la mente casi en blanco; me relajaba ver las llamas como salían y realizaban extrañas danzas antes de desaparecer sobre la leña que ardía, cuando sin proponérmelo comencé sentir que mi cuerpo se inclinaba hacia el fuego y caía sin retorno como inmovilizado.

Viajar

Una sensación de temor quiso apoderarse de mí y apenas alcancé a cerciorarme que permanecía sentado en la posición exacta en que antes me encontraba, fue cuando sin remedio alguno el humo y el fuego terminaron por absorberme. Y de repente la tierra se abrió bajo el fuego y una larga cueva, estrecha, oscura y angosta me veía caer y caer sin control alguno.

Cuando el descenso acabó, la cueva húmeda y oscura me dejaba ver al final una luz. Una claridad, a la que me dirigí sin otra opción posible. Al llegar a la luz, ya puede apreciar que todo un mundo desconocido aparecía ante mí y cual sentado al borde de una alcantarilla hacia otro universo. Miré, miré, miré… Sin atreverme a «bajar», a saltar.

Cuando sentí oportuno el regreso, recuerdo me di la vuelta, comencé a caminar. De repente la cueva rápidamente me llevó, como si me aspirase a la superficie y abrí los ojos, sentado mirando el fuego con el corazón palpitando a ritmo galopante. Era mi primer viaje al mundo de los chamanes.

Memorias…

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Así, sin proponérmelo, conocí un mundo mágico que habitaba donde ni siquiera sabía que existía… Al tiempo bajé y lo recorrí, fui descubriendo seres, animales; mis animales de poder, que me acompañaron palmo a palmo y respondieron cuanta duda o pregunta realizase. Pero siempre hasta la curva del río, más allá, cuando avanzaba, permanecían inmóviles y expectantes como paralizados. «Allá es el mundo de los muertos, nosotros no vamos» -me decían-

Memorias…

 

 

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Casi Concluyendo

Así comenzó un viaje sin regreso, un viaje donde despliegas las alas y si te quieres detener, caes sin remedio y el golpe seguramente será muy duro; el viaje del crecimiento interior, de la batalla diaria por ser un ser humano un poquito mejor.

Y pude conocer el mundo de los seres de luz, de los maestros, cada vez que subía por el humo; o caminar por la bóveda del cielo y mirar el firmamento sin día, sin noche; sin arriba sin abajo…

Transitar el mismo mundo que habitamos, pero atravesando paredes y pudiendo ver esos seres tan extraños y mágicos como son los espíritus de la naturaleza.

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Memorias y más memorias…

Por eso actualmente soy, tan sólo un guerrero solitario en los reinos del conocimiento y de la luz. Un ciego que sueña encontrar un poquito de sabiduría para la sanación espiritual, para ayudarse uno mismo y para ayudar a los demás; unir dos fuerzas, la del Padre Cielo y la Madre Tierra, en un mismo espacio, nuestro Corazón.

Feliz Vida 😊

Sabiduría de la Vida 😊

Las fotos están en su rinconcito 📷

10 comentarios en “MEMORIAS DE LOS SABIOS Y CIEGOS”

  1. Ciego pero también Sabio.
    Excelente lectura, como siempre. Saber pintar con palabras es de Sabios, de almas sensibles capaces de llevar de la mano a otras almas para guiarlas, iluminarlas o, simplemente acompañarlas.
    Gracias,Sabio.

    1. La humildad y la compañía son cualidades que transforman a las personas en seres exquisitos e invaluables. En su sencillez, reflejan una belleza que brilla más allá de las apariencias, ofreciendo un refugio de bondad y ternura. Son almas que, con su presencia, enriquecen la vida de quienes tienen la fortuna de conocerlas, dejando huellas imborrables en el corazón. Gracias por tenerlas y siempre estar presente

    1. Bienvenida al juego de la vida, donde somos eternos caminantes en el sendero del aprendizaje. Paso a paso, descubrimos los misterios del existir, cada lección un tesoro, cada encuentro una nueva oportunidad. En este viaje sin fin, aprendemos, crecemos y evolucionamos, abrazando la magia de cada momento y la sabiduría que nos ofrece el camino. Gracias Sandra

  2. Me ha gustado mucho la manera en que te descubres en ese mundo nuevo. Todos tenemos uno donde al llegar, la vida cobra sentido. Y eso es maravilloso!

    1. La realidad es tal como es y la vida no es diferente. Luego, cada uno la narra como la siente o como cree que han sucedido la mayoría de las cosas. Supongo que antes era más cuidadoso sobre qué contar y a quién, o a quiénes. Pero el tiempo te transforma, te da otra perspectiva. Ahora cuentas lo que sientes, porque simplemente te apetece hacerlo, sin más filtro que el latido de tu propio corazón. Gracias estimada mi amiga

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