LAS TRAMPAS DEL DESPERTAR

Hoy hablamos de las trampas del despertar

Del ego iluminado al alma desnuda.

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La Oscura Ley de la Dualidad — Lo que la luz no puede ver sin su sombra.

Hay una ilusión que seduce a quienes comienzan a caminar: creer que el sendero espiritual es una huida de la oscuridad hacia la luz. Como si el ser fuera una habitación que hay que limpiar de todo lo que incomoda, de todo lo que duele, de todo lo que avergüenza. Asociar al despertar con tapar la oscuridad.

Pero la realidad —esa maestra sin piedad ni condescendencia— tiene otra lección.

Carl Jung lo nombró al despertar con una claridad que todavía retumba: no existe la luz sin su sombra. No existe el amanecer sin la noche que lo precede. El principio de dualidad no es una condena ni una imperfección del diseño. Es la estructura misma de la existencia.

Una falsa batalla

La luz y la oscuridad no se combaten. Se necesitan. El gran error de muchas religiones, es precisamente ese: mentalizar que la vida consiste en una gran batalla de luz contra oscuridad y el único triunfo ocurre al derrotarla.

Lo consciente y lo inconsciente danzan juntos aunque cerremos los ojos para no verlo. El bien y el mal no son bandos separados en una guerra cósmica; son tensiones dentro de un mismo campo de energía. Rechazar uno de estos polos —intentar ser solo luz, solo bien, solo pureza— no elimina el otro. Lo empuja hacia abajo, lo entierra, lo convierte en algo que crece en la oscuridad sin testigos.

Y lo que crece sin testigos, tarde o temprano, sale.

Los pueblos originarios de América del Sur lo saben desde antiguo: el chamán no es aquel que jamás tocó la oscuridad. Es aquel que bajó a ella, que la conoció por su nombre, que aprendió a moverse entre los dos mundos sin perderse. La verdadera individuación —ese proceso que Jung describía como la tarea más honesta de una vida— no es ascender fuera de la sombra. Es aprender a sostenerla con las mismas manos con que sostenemos la luz. Despertar.

Ese equilibrio no es cómodo. Tampoco pretende serlo. Es la vida misma.


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El Ego Espiritual — Un peligro que viene disfrazado de virtud

Existe una trampa tan sutil que muchos la cruzan sin darse cuenta, y tan peligrosa que puede detener el crecimiento durante años, incluso décadas.

Se llama ego espiritual.

No llega con arrogancia burda ni con desprecio evidente. Llega con citas sabias y con una sonrisa compasiva. Con el lenguaje correcto y las prácticas adecuadas. Llega convencido —absolutamente convencido— de que ha llegado más lejos que los demás.

Es el ego con traje de luz. El ego vestido de un falso despertar.

Este ego inflado se reconoce en gestos pequeños: en la impaciencia ante quien aún no «despertó», en la incomodidad al ser cuestionado, en la necesidad sutil de ser reconocido como guía, como maestro, como ser avanzado. Se reconoce en frases que parecen humildes pero cargan una comparación silenciosa: «yo ya superé esa etapa», «eso es una trampa del ego» —dicho siempre hacia afuera, nunca hacia adentro.

Jung advertía que la inflación del yo espiritual es uno de los fenómenos más frecuentes y menos reconocidos del camino. Porque ¿quién sospecha de su propia luz?

Ser sabios

La verdadera sabiduría —esa que los maestros zen, los abuelos indígenas y los contemplativos de todas las tradiciones conocen bien— no se anuncia. No necesita ser vista. No mide su profundidad comparándose con la superficialidad ajena.

La verdadera sabiduría sabe, con huesos y raíces, que el proceso nunca termina. Que siempre hay otra capa. Que la humildad no es una pose ni una virtud que se practica ante los demás: es la consecuencia natural de haber visto cuánto queda por ver.

El ego espiritual no desaparece con más meditación ni con más retiros. Desaparece cuando uno deja de construir una identidad alrededor del despertar. Cuando el camino deja de ser un logro y vuelve a ser, simplemente, un camino.

Seguramente la parte más triste que tiene este asunto es que cuando se manifiesta, una noche oscura del alma suele ser su única salida.


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La Sombra del Yo Superior — Lo que se esconde cuando creemos que ya «somos la luz»

Hay un concepto que viaja con frecuencia en los círculos espirituales contemporáneos: el Yo Superior. Esa dimensión del ser que conecta con lo sagrado, con la sabiduría más profunda, con algo que trasciende el pequeño yo cotidiano.

Y es real. No hay engaño en ese aspecto.

El engaño llega después.

Cuando alguien comienza a identificarse completamente con su Yo Superior —cuando deja de ser una brújula y se convierte en una residencia permanente, en una bandera, en una identidad—, sucede algo paradójico: la sombra que ese Yo Superior proyecta se vuelve enorme.

Porque todo aquello que no encaja con la imagen del ser elevado —la rabia, los celos, el miedo, la mezquindad, el deseo de control— no desaparece. Simplemente queda excluido de la narrativa. Y lo excluido de la narrativa consciente vive, con toda su energía, en el sótano del inconsciente. pasa a engrosar nuestro propio capital de sombras.

Un camino peligroso

El peligro no está en conectar con dimensiones elevadas del ser. El peligro está en usar esa conexión como una razón para no mirarse entero. Somos luz y sombras.

Los maestros tibetanos lo llaman «desviación espiritual»: usar la práctica como evasión en lugar de como encuentro. Los chamanes amazónicos saben que la medicina más poderosa también tiene su veneno. Que la planta maestra no solo abre —también revela. Y lo que revela no siempre es bello.

El Yo Superior sin raíces en la tierra se vuelve un globo que flota lejos de todo lo humano. Hermoso. Luminoso. E incapaz de abrazar a nadie.

La sombra del Yo Superior nos pide algo contracultural en los espacios espirituales de hoy: que bajemos. Que nos ensuciemos un poco. Que recordemos que la luz que no conoce su oscuridad no alumbra —encandila. eso es un poco nuestra vida en esta dimensión, justamente vivir y experimentar la dualidad.


La Última Tentación del Despertar — Creer que el viaje ha terminado

Si hay una tentación que aparece justo después de un período de gracia genuina, de apertura real, de transformación profunda, es esta:

Creer que llegamos. Sentir el despertar como una meta conseguida.

Es comprensible. Después de años cargando un peso, cuando el peso cae, el alivio es tan grande que queremos llamarlo destino final. Después de ver con más claridad, queremos llamar a esa claridad la claridad. Definitiva. Completa.

Y entonces algo se congela.

Jung describía la individuación como un proceso que no concluye en vida. No porque seamos eternamente deficientes, sino porque la conciencia siempre tiene nuevas fronteras. Cada integración abre un nuevo espacio. Cada respuesta genera una pregunta más profunda. Porque cada capa que se disuelve descubre otra más sutil debajo.

Un saber mienario

Las tradiciones orientales llevan milenios señalando esto. En el zen existe el concepto de satori —una experiencia de iluminación súbita— pero los maestros advierten: el satori no es el final del camino. Es una puerta. Y detrás de esa puerta hay otro camino.

Los pueblos andinos hablan del pacha kuti, el tiempo que da vuelta, el mundo que se transforma cíclicamente. Nada llega para quedarse quieto. Todo tiene su ciclo de apertura y de cierre, de aprendizaje y de olvido, de muerte y de renacimiento.

Creer que el viaje terminó es, quizás, la forma más elegante que tiene el ego de detenernos. Porque si ya llegamos, ya no necesitamos movernos. Y si ya no necesitamos movernos, podemos descansar en nuestra propia imagen.

En ese sentido lo espiritual no difiere mucho de lo material: cuando nos proponemos una meta material -adquirir un bien, estudiar una carrera, hacer un viaje-  antes de llegar a conseguirla, pero cuando la mente ya siente que está cerca consegirla o es inminente. Inmediatamente comienza a trabajar en la elaboración de una meta nueva

El despertar verdadero no se anuncia. No se instala. Sigue caminando.

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La Fatiga del Alma — Cuando ya no es el cuerpo el que pide descanso

Hay un cansancio que ninguna siesta cura. Que ninguna vacación alcanza. Que sigue ahí después de dormir ocho horas, después de alejarse del trabajo, después de hacer todo lo que «se supone» que hay que hacer para descansar.

Es la fatiga del alma.

No es depresión, aunque a veces se le parece. No es pereza, aunque desde afuera puede confundirse. Es algo más hondo y más misterioso: un agotamiento del ser que ha dado demasiado sin recibir. Que ha sostenido demasiado sin ser sostenido. Que ha vivido desde la cabeza durante tanto tiempo que el corazón —ese órgano que no late solo para bombear sangre sino para percibir— ya no sabe bien para qué está.

La fatiga del alma llega especialmente a quienes caminan con intensidad. A los que buscan con honestidad. A los que sienten profundo. Paradójicamente, el camino espiritual, si se transita sin piedad hacia uno mismo, puede convertirse en otra forma de exigencia.

Meditar más. Leer más. Sanar más. Crecer más.

Y el alma, en algún momento, simplemente dice: no más.

No como rendición. Como petición desesperada de ternura.

La tradición sufí habla del fana, la aniquilación del yo, como un estado previo a la unión con lo divino. Pero antes de ese umbral sagrado, a veces hay un desierto ardiente donde el caminante se sienta en la arena y ya no sabe si puede seguir.

Ese momento no es fracaso. Es umbral.

La fatiga del alma no pide más esfuerzo. Pide pausa.  Silencio. Pide que dejemos de intentar iluminarnos y simplemente seamos —torpes, incompletos, humanos— por un rato.


El Desierto Espiritual — Cuando los dones se apagan y el silencio es total

Así entramos a un terreno nuevo que los místicos de todas las épocas conocen y que casi nadie en los círculos espirituales contemporáneos quiere mencionar.

El desierto.

No el desierto romántico de los retiros. No el silencio buscado de la meditación. Sino ese otro desierto: el que llega sin invitación, el que se instala cuando los dones se apagan, cuando la intuición enmudece, cuando la práctica que alguna vez fue fuente se convierte en ritual vacío.

San Juan de la Cruz lo llamó la noche oscura del alma. No como metáfora poética sino como descripción precisa de un estado real: la ausencia de consolación, de señales, de guía. El silencio de aquello que antes hablaba. Hemos hablado muchas veces de ella y las pautas para que no se repita.

Quienes han vivido momentos de gracia —visiones, sincronías, estados expandidos, claridades repentinas— y luego entran al desierto, a veces interpretan ese silencio como pérdida. Como castigo. Como señal de que algo salió mal.

Pero los grandes contemplativos enseñan lo contrario.

El desierto es enseñanza. No de la mente, sino del ser entero. Es el espacio donde se aprende a caminar sin las muletas de la experiencia espiritual, sin la confirmación de los dones, sin el apoyo emocional de las certezas.

Es, en el lenguaje de las culturas chamánicas, el tiempo de iniciación que nadie eligió. El tiempo en que la persona ordinaria muere para que algo más auténtico pueda nacer.

No hay manera de acelerar el desierto. No hay técnica que lo abrevie. Solo hay una forma de transitarlo: con paciencia radical. Con la humildad de quien no sabe cuándo volverá el agua.

Y el agua siempre vuelve. No igual que antes. Más limpia. Más profunda.


Hacia un Nuevo Amanecer — Ser luz sin necesitar brillar

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Después del desierto, si uno no huyó —si se quedó, si soportó el silencio, si no fabricó respuestas falsas para calmar la ansiedad—, algo cambia.

No de manera dramática. No con fanfarrias ni revelaciones cinematográficas.

Cambia con la suavidad de lo que ya estaba ahí esperando.

La verdadera luz —esa que no necesita ser demostrada ni exhibida, esa que no compite ni juzga ni se compara— no llega después de haber ganado una batalla. Llega después de haber soltado la necesidad de ganar. Llega cuando dejamos de construir una identidad espiritual y comenzamos, simplemente, a vivir.

Ser luz sin necesitar brillar. Esa es quizás la síntesis más honesta de todo lo que estos caminos intentan enseñar.

El ego espiritual se desinfla no por esfuerzo sino por gracia —la gracia de haber visto, en algún desierto o en alguna fatiga profunda, cuánto de lo que creíamos que éramos era simplemente miedo disfrazado de virtud.

La dualidad se integra no cuando dejamos de sentir oscuridad sino cuando la oscuridad deja de aterrarnos. Cuando podemos sostenernos en la incertidumbre sin colapsar en certezas prestadas.

La larga marcha

El viaje no termina. Eso ya lo sabemos. Pero hay una diferencia enorme entre caminar buscando el destino y caminar sabiendo que el camino mismo es el hogar.

Incontables personas pasan sus días buscando la razón de su vida y quizás ni siquiera sus vidas la tengan. A veces no hay una razón única, trascendente e inconfundible, sino muchas razones pequeñas formando la vida. La razón es vivir la vida y aprender en ella, de ella.

Los maestros que más han enseñado —Buddha bajo el árbol, Jesús en el desierto, las abuelas indígenas junto al fuego— no enseñaron desde la cima de ningún pedestal. Enseñaron desde la tierra. Desde la herida sanada. Desde el silencio habitado.

Eso es lo que el camino, en su forma más desnuda, nos ofrece: no una corona. Una raíz. Descubrir que el despertar es en si mismo, un eterno despertar.

Y con raíces, todo lo que florece —florece de verdad.


Para cerrar el círculo

El despertar no es un lugar al que se llega. Es una manera de caminar: con los ojos abiertos a la propia oscuridad, con el ego suficientemente humillado para seguir aprendiendo, con el corazón suficientemente valiente para atravesar el desierto sin falsas promesas.

Esa es la luz que no encandila. La que acompaña.


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Feliz Vida 😊 y feliz despertar 😊

Las fotos están en su rinconcito 📷

10 comentarios en “LAS TRAMPAS DEL DESPERTAR”

  1. Ay, Sabio Amigo!
    Luz y oscuridad. Luces y sombras. La frase con la que me defino: «En mi vida hay luces y sombras. Que las luces no me cieguen y las sombras no me hagan desaparecer. En esas estoy». Eso lo escribí hace unos años. Tres o cuatro, no recuerdo bien, pero en esas sigo estando. Admitiendo que en ambos casos sigo siendo yo, buscando, encontrando, a veces perdiendo. Perdiéndome y encontrándome. Caminando siempre, parando lo justo para asimilar, descansar, aceptar… Tú lo explicas con tu manera suave de acercarnos a una realidad a veces desdibujada, pero que tras leerte aparece mucho más nítida y cercana. La existencia es eso, luz y sombra. Una no existe sin la otra. Ambas son necesarias.
    Gracias por recordárnoslo.
    Abrazo infinito, Amigo Sabio.

    1. Keti, mi querida amiga 😃
      Esa frase tuya me ha encantado. Que las luces no me cieguen y las sombras no me hagan desaparecer. Eso no lo escribe quien lee sobre el despertar, eso lo escribe quien lo está viviendo desde adentro, con los pies en el barro y el alma mirando al cielo al mismo tiempo.

      Y que tres o cuatro años después sigas estando en esas no es un fracaso ni un estancamiento. Es que el camino no termina, se profundiza. Cada vuelta de espiral nos lleva al mismo lugar pero desde un piso más arriba, con más comprensión, con menos miedo, con más capacidad de sostenernos en la incomodidad sin huir.

      Eso de perderse y encontrarse es exactamente el ritmo del despertar. No es una línea recta hacia la luz. Es un baile entre lo que somos y lo que vamos siendo. Y en ese baile la sombra no es la enemiga, es la que hace que la luz tenga profundidad, contraste, verdad.

      Una luz sin sombra no ilumina nada. Es solo blanco vacío. Nunca olvides eso.

      Gracias por compartir esa frase y por caminar con tanta honestidad. Eso también es sabiduría, Keti. De la que no se aprende, se vive.

      Abrazo grande de viento a la distancia de vuelta 🙏🤗✨

    1. Kari, gracias. Cuando alguien que camina tan adentro como tú lo llamas sentires compartidos, algo se asienta en el pecho de manera muy particular.

      Porque eso es exactamente lo que intento. No enseñar sino reconocer en voz alta lo que muchas almas ya saben pero a veces no encuentran las palabras para nombrarlo. Tú lo sabes desde el cuerpo, desde el silencio de la meditación, desde el fuego del chamanismo. Yo solo pongo letras a lo que ya vive en nosotros.

      Esa fraternidad que nombras es lo más verdadero que tenemos. Almas que se reconocen en el camino y siguen juntas aunque cada una vaya a su ritmo y por su sendero.

      Gracias por estar siempre. 🙏✨💚

  2. Post complejo. Tú inteligencia y pensamiento han campado a sus anchas …
    Mucho material, quizás demasiado, querido amigo.

    Carl Jung fue un gran pensador, también un golfo.
    Así que entiendo que quisiera justificar ese lado oscuro con teorías como la individuación . A mí ese enfoque no me convence. Sus retiros igual eran una forma de aislarse de sus propias debilidades.
    Para mí, que igual me equivoco, detrás de una mente portentosa no tiene que estar todo en orden, aunque de esa sensación. Si además se refuerza con libros y estatus social , es más complicado de dilucidar.
    Ya en tono de broma… Un ejemplo de gran individuación podría ser Aníbal Lecter, del silencio de los corderos.

    Si se puede vivir en armonía, sin bajar a la oscuridad… Mejor.

    Tiene mucha tela qué cortar este Post y por lo qué parece, no comparto todo, amigo mío.

    Me hubiera gustado ver al señor Jung cuando le llevaban la contraria en las discusiones, como reaccionaba. Eso dice mucho.

    Me ha gustado cuando dices que has aprendido de maestros qué enseñaban desde la herida, desde el silencio habitado… Yo desde ahí, si quiero aprender!!

    … Cruzando el desierto…
    Con los labios resecos, pero la mirada clara, de quien sabe lo que puede sacrificar y lo que no.
    De quien se regocija en lo que esconde en su interior y acompaña su camino.
    A pesar de que parezca que está equivocado.

    Sin miedo a no encontrar el final del desierto.

    Me gusta leerte, hasta cuando me siento incómodo. Creo que haces mostrar algo qué de otra forma no se vería.
    Pasa un bonito y armonioso día. Deja descansar tú mente jugando con las perritas.
    Un gran abrazo en la distancia.

    1. Lagartija Brava 😃😃, qué comentario tan tuyo.
      Disientes, piensas, haces reír y al final me dejas una imagen del desierto que vale más que muchos tratados de psicología. Así me gusta.😃

      Tienes razón en Jung. Fue un pensador portentoso y también un hombre con sombras propias considerables. Y sí, hay algo irónico en que quien teorizó sobre integrar la sombra no siempre lo hiciera con elegancia en su vida personal. Pero ahí está justamente una de las trampas del despertar que intentaba señalar en la publicación: que la lucidez intelectual no garantiza la coherencia del alma. Se puede mapear el territorio sin haberlo caminado del todo.

      Lo de Freud y Jung es una historia apasionante además. Cuando Freud se quedó buscando en la sexualidad la explicación de todo y Jung se fue hacia el ocultismo, el tarot, los arquetipos, los sueños como lenguaje del alma, se separaron dos mundos que nunca volvieron a entenderse del todo. Y no olvidemos que el trasfondo judío de Freud marcó profundamente su pensamiento de maneras que Jung no compartía y que al final envenenaron la relación entre ambos. Aunque no se dice por esas cuestiones de la censura implícita que tiene este tema en todo el mundo, la verdadera diferencia y causa que los separó fue la mirada religiosa y no de pensamiento; entonces quedaba más poético decir que uno era un aferrado a lo sexual y el otro un delirante, que aceptar razones de fondo jaja.

      Y lo de Aníbal Lecter me ha arrancado una carcajada. Ejemplo perfecto de individuación sin conciencia moral. Muy integrado él, sí, pero de una manera que preferimos mirar desde la pantalla 😂

      Sobre vivir en armonía sin bajar a la oscuridad, ahí es donde no te doy del todo la razón amigo. No creo que se pueda elegir no bajar. La oscuridad baja sola cuando le toca. La diferencia está en si uno va con linterna o a ciegas.
      A decir verdad, no es que nosotros elegimos bajar a la oscuridad; la oscuridad de pronto nos invade, nos abraza y sin pensarlo estamos dentro de esa nube. Salir o quedarse, iluminar o manotear quizás sea en el fondo el punto. No es que nosotros nos volvamos malos de repente o despertemos diciendo: hoy voy a experimentar lo oscuro; muy por el contrario, son las sombras y sus cultores los que se meten en nuestros sembrados cuando estamos en armonía pastoreando nubes en la sombra de un árbol en paz.

      Y esa imagen tuya cruzando el desierto con los labios resecos y la mirada clara, sabiendo lo que puedes sacrificar y lo que no, sin miedo a no encontrar el final. Eso no es teoría Lagartija Brava. Eso es alguien que ya conoce el desierto por dentro.
      De esos maestros que enseñan desde la herida y el silencio habitado también aprendo yo.

      Un abrazo enorme. Ve a jugar con las perritas que también eso es sabiduría y de la buena. 🐾🙏✨

  3. Mi amigo 😘 tú hablas de despertar, de sus trampas, de como nosotros mismos en determinado momento nos sentimos diferentes o superiores porque vemos cosas que otros no.
    Mira, hay algo que no se puede tapar ni negar y es que quien despertó, sufrió o superó algo, lo desee o no, ya la vida le dio unos lentes mágicos y ya no puede volver a ver la vida como antes. Eso es inevitable, hasta lo has dicho tú alguna vez y quizá el punto sea solamente aprender a ser paciente de los que no ven lo mismo y respetar sus tiempos. No olvides que hay almas o personas que con solo verlos ya puedes asegurar que jamás despertarán en esta vida.
    Y después creo que tampoco hay demasiado que reprochar salvo lo que digo pues si te fijas bien, aquí estamos solos.
    ¿No lo has notado? No hay guías, maestros ni aunque los llames o les ruegues aparecen. No dudo ni discuto que anden con las sutilezas y los mensajes cotidianos, las señales sutiles pero eso y la nada es la misma mierda 💩 o sea no cuenta y no porque lo diga o esté enojada, sino porque simplemente no sirve.
    Estamos solos y si me apuro hasta te diría que ni los oscuros aparecen si los llamamos porque al no ser de su palo, no les importamos y seguimos solos.
    Es entendible que tengamos muchas fallas y errores en ese despertar, claro si lo hacemos como podemos, como creemos debe ser despertar y solitos y a los tumbos.
    Y la verdad que eres un groso escribiendo estos temas tan ásperos y difíciles, es un don que llevas y además es indudable amas hacerlo.
    Abrazo mi amigo 😘💫🫂👍

    1. Graciela, qué comentario tan honesto y tan valiente. De los que no se escriben para quedar bien sino para decir verdad aunque duela.

      Tienes razón en lo de los lentes mágicos. Quien despertó no puede des-despertar. Ya no hay vuelta atrás porque no se puede ver menos de lo que ya se vio. Algo que la vida no tiene es el famoso ctl + z de la informática que deshace el último paso y vuelve atrás. Entones, el único camino posible desde ahí es aprender a ser paciente con los tiempos de los demás sin volverse arrogante ni solitario por ello. Aunque reconozco que esa paciencia cuesta. A veces mucho.

      Y sobre lo de estar solos. Graciela, no voy a darte una respuesta de manual espiritual porque no te la mereces. Me quedo un momento con lo que dices porque tiene mucho peso. Es fuerte pero muy innegable también.

      Hay momentos en el camino donde la soledad es tan grande y tan real que las señales sutiles y los mensajes cotidianos suenan exactamente como dices, a nada. Y entiendo ese enojo o reclamo a esos seres espirituales. Es legítimo. Es humano. Es incluso sano frente a tanto discurso espiritual que promete acompañamiento y presencia y después uno levanta la vista y solo encuentra silencio.

      Lo que sí te digo desde mi experiencia más honesta es que los momentos donde más he sentido esa soledad absoluta, donde llamé y no llegó nadie, fueron exactamente los momentos donde algo en mí todavía no estaba listo para recibir lo que llegaba. No porque mereciera estar solo sino porque el canal estaba cerrado desde adentro sin que yo lo supiera.

      No lo digo para consolarte con teorías. Lo digo porque me pasó y me costó reconocerlo.
      Pero también te digo esto: hay una soledad en el despertar que es inevitable y que ningún guía ni maestro ni ser de luz puede llenar. Es la soledad del alma frente a sí misma. Y esa no desaparece con compañía espiritual. Se atraviesa. Y al atravesarla algo cambia para siempre.

      Gracias por decirlo como lo dijiste. Así, sin adornos. Me parece oportuno y bien dicho.

      Un abrazo grande de viento a la distancia. 🙏✨🤗

  4. Voy a decir algo que hace mucho he descubierto, que los seres que tú les dices de luz como serían ángeles, guías de arriba, maestros de arriba, hace mucho no están aca.
    Ya ni santos hay, porque si te fijas la iglesia no tiene santos y nomba santos a cualquiera, hasta a uno que usaba facebook y se murió joven lo hicieron santo. (Acutis)
    Pero si buscas de los otros, de los malos, los encontrarás sin moverte porque están por todas partes. No solamente en esas cuevas que has hablado tú solamente, las logias saben contactarlos, los masones ni te cuento, los satanistas, luciferinos, hasta los modernos sionistas les rinden culto en sus rituales. O acaso baal no es un demonio 😈 y bien reo encima.
    Creo lo más reciente que tenemos en materia de seres de luz sería las apariciones de la virgen haxe … tiempo… pero también he leído que hay muchos estudios casi demostrando que era un ser de otra raza fuera de la nuestra o de otra dimensión y no lo que la virgen representa en si. y paro de contar porque no hay nada mas que contar. Dime tú si sabes de algo que yo no.
    Los seres del lado luminoso se han ido, porque no lo se pero no están y por ello hay tanta oscuridad, seres de la oscuridad y toda clase de conexiones por ese lado.
    Será eso que dicen que el cernn abrió un portal dimensional y por allí entraron tantos y siguen entrando 🤔
    Un pedazo de blog tienes y muy buenos temas traes y respetando todas las opciones y opiniones. Respetable señor 👍

    1. Julio, qué comentario interesante y tan cargado de observaciones que merecen pensarse con calma has dejado.

      Lo primero que dices me dejó pensando de verdad y te lo confieso honestamente. Es cierto que no hay apariciones de seres de luz recientes que sean incuestionables. Las últimas grandes apariciones marianas son del siglo pasado y como bien dices hay toda una línea de investigación seria que las estudia desde otro ángulo, no como la Virgen del dogma católico sino como contacto con una inteligencia no humana que adoptó la forma que esa cultura y ese momento podían recibir. No lo descarto en absoluto.

      Y sobre los santos, me hiciste reir. Tienes razón en que algo se ha vaciado en ese proceso. Cuando se canoniza a alguien por tener presencia en redes sociales, algo del sentido original de lo sagrado se pierde en el camino.
      Pensé era broma de tu parte, pero ese santo que nombras efectivamente existe y su obra de santificación fue por las redes sociales, aunque parezca increíble. El papa anterior inició el proceso de canonización, se interrumpió con su muerte y lo retoma y termina el papa actual.

      Ahora bien, sobre lo otro. Que la oscuridad esté más presente y organizada que la luz en este momento del mundo, eso sí lo siento verdadero. Las guerras, la violencia celebrada, el poder que se ejerce sin ningún freno ni escrúpulo, todo eso habla de una época donde algo oscuro ha encontrado mucho espacio.
      Pero Julio, aquí me detengo y te digo algo que creo de verdad. La oscuridad no ha ganado porque la luz se haya ido.
      La luz no funciona como ejército ni como logia ni como estructura de poder visible. Trabaja diferente, en lo pequeño, en lo cotidiano, en cada alma que elige despertar en medio del ruido. No hace apariciones espectaculares precisamente porque no necesita imponerse.

      Lo del CERN y los portales dimensionales lo he leído también en muchos textos. No lo afirmo ni lo descarto. Lo que sí sé es que cuando la humanidad juega con fuerzas que no comprende del todo, algo se mueve en planos que no vemos.

      Y sobre las cuevas y los pactos con lo oscuro, sí, he escrito sobre eso. La salamanca, el diablo en la encrucijada, las logias y sus rituales. Eso existe y tiene más historia y más peso del que la gente cree.

      Gracias por traer todo esto sin miedo a decirlo. Eso también tiene su valor.

      Un abrazo grande y respetuoso. 🙏✨

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