Una mirada personal sobre un tema interesante: La vida simple y los modelos sociales
La vida es un conjunto de pasos anidados en el tiempo que, a veces porque ella lo quiere y otras porque nosotros se lo pedimos así. Vamos dejando como modelos que ya cumplieron su ciclo, para comenzar otros que avizoran nuevos horizontes y distintos desenlaces.
¿Alguna vez has sentido ganas de abandonar todo sin saber exactamente por qué? No por cansancio físico ni por un problema puntual, sino por una incomodidad más profunda, silenciosa, difícil de explicar. Es tu voz interior hablándote, y como toda voz antigua, no grita. Susurra hasta que decidimos escucharla.
Te cuento algo
Mi historia es un poco la de todos. Era una cosa, hacía determinadas tareas. De pronto, un día, por voluntad propia o por voluntad de la vida misma, dejé todo eso atrás y comencé de nuevo. Tan diferente como imposible, tan increíble como saludable.
Pasé de estar sentado detrás de un ordenador, escribiendo código y enlazando programas, a vivir en medio de la naturaleza, sin jefes, sin el tirano señor tiempo marcando cada paso.
Claro está, la vida no regala nada. Todo tiene su precio, su valor, y exige a cambio sacrificio, privaciones, comodidades de la ciudad que ya no existen para mí, servicios que quedaron en el olvido, y hasta el bullicio de un shopping concurrido reemplazado por el cacareo constante de las gallinas murmurando, los gallos cantando las horas, y las aves discutiendo por los derechos federativos de la rama de un algarrobo.
Y sin embargo, ya encaminando los pasos de esta charla hacia el sitio que deseaba llegar, no todos lo ven con una mirada de aprobación.
Están quienes desaprueban dejar la comodidad ciudadana y todos sus servicios por la incertidumbre del tiempo, las privaciones que ven en esa vida, y hasta lo tildan de decisión incorrecta o irresponsable.
Están también quienes lo aprueban, lo ven como la mejor de las decisiones. Pero al mismo tiempo reconocen que ellos jamás harían eso con su vida o con sus propias decisiones.
Y existe un tercer grupo que cultiva cierta animosidad contra quienes ven desapegados, partidarios de una vida simple. Y aunque suene extraño, no son pocos.

Desensamblando el modelo social
Creo que la hostilidad contra quien elige vivir con poco es uno de los sentimientos más comunes y menos confesados de nuestra especie. Pasamos la semana rodeados de gente corriendo, acumulando, midiendo el éxito en metros cuadrados y en agendas llenas.
Y cuando alguien sale de ese ritmo, surge dentro de nosotros una reacción que nadie nos enseña y casi nadie admite en voz alta. Esa incomodidad es el eco distorsionado de una capacidad que debería liberarnos. La capacidad de pensar sobre la propia vida, de medirnos hacia adentro. Esa capacidad, vuelta sobre sí misma, deja de servir al autoconocimiento y pasa a servir a la autodefensa.
La libertad del otro se convierte en ofensa personal. La herramienta se vuelve arma. La pregunta de esta simple publicación es simple. ¿Por qué gran parte de la sociedad reacciona con tanta fuerza contra quien decide vivir con poco? La respuesta atraviesa la filosofía antigua, la psicología profunda, la sabiduría de los pueblos originarios, y el silencio de los propios pensamientos frente a quien parece haber encontrado lo que aún se nos escapa.
¿Por qué alguien que vive con casi nada nos irrita tanto? ¿Por qué nos reímos de quien dejó el empleo competitivo para mudarse a las afueras de un pueblo pequeño, plantar verduras, criar aves, leer en silencio? ¿Por qué llamamos «perdido» a quien aparenta estar más entero que nosotros? ¿ O por qué la presencia de alguien que rechazó el juego parece un insulto personal, incluso cuando esa persona nunca dijo una palabra sobre nuestro juego? ¿Por qué sentimos algo parecido a la rabia, en lugar de admiración, cuando vemos a alguien liberarse de aquello que aún nos ata?

La respuesta fácil
Estas preguntas tienen una respuesta cómoda. Decir que la sociedad no tolera lo simple por envidia. Listo, caso resuelto, próxima reflexión. Yo mismo, antes de sumergirme en este camino, repetía eso con convicción. Es una frase que pone la culpa en los otros, que hace sentir superior a quien la repite, incluso cuando quien la repite también envidia por dentro.
La explicación fácil cumple una función. Cierra el asunto antes de que el asunto se abra. Pero hay un problema. Si fuera solo envidia, el fenómeno desaparecería con un poco de honestidad emocional. Bastaría con reconocerlo y la hostilidad se evaporaría.
Pero.. No se evapora. Persiste. Cruza siglos, cruza culturas, cruza clases sociales. La explicación tiene que ser más profunda.
Y lo es.
Las tres fuerzas invisibles
Existen tres fuerzas trabajando juntas al mismo tiempo, sin que nadie se dé cuenta. Tres engranajes psicológicos y espirituales que encajan de forma casi invisible. Cuando entendemos los tres, el rechazo a la vida simple deja de parecer un misterio y pasa a parecer mecánica del alma humana.

El espejo intolerable
Cuando alguien vive bien con poco, automáticamente expone la falsedad de quien se sacrifica por mucho. No necesita decir nada, tampoco necesita criticar a nadie. La simple presencia ya funciona como una denuncia silenciosa de todo un sistema.
Imagina una oficina donde todos trabajan horas de más, acumulan deudas para sostener un nivel de vida, duermen mal, discuten en casa, toman pastillas para la ansiedad. Ahora imagina que aparece alguien que renunció, se mudó a un lugar sencillo, trabaja menos horas, lee por la tarde, duerme en paz. Esa persona no necesita abrir la boca. Su existencia ya es una pregunta que nadie quiere escuchar. ¿Por qué sigo yo en esto? ¿O por qué lo acepto? ¿Por qué nunca lo intenté?
Esa pregunta, tomada en serio, amenaza con desmontar una vida entera. Son años de elecciones, años de renuncias, de horas extra, años de vínculos sacrificados, años de salud corroída. Si la alternativa siempre fue posible, entonces todo aquello fue un error evitable. Y casi nadie soporta mirar una pila de años y decir «me equivoqué». Es psicológicamente más liviano atacar al mensajero. Llamarlo irresponsable, fracasado, alienado, privilegiado, cualquier palabra que le quite autoridad a la pregunta que provoca.
En la psicología de Carl Jung esto tiene nombre. Proyección de sombra. Aquello que no toleramos ver en nosotros mismos —el miedo a haber elegido mal, el deseo enterrado de una vida distinta— lo proyectamos afuera, sobre quien nos lo recuerda sin querer. No odiamos al otro. Odiamos el reflejo.
La atención encogida
Vivimos entrenados para el estímulo constante. Cada silencio se llena rápido con una pantalla, una notificación, un pendiente. Esa costumbre va encogiendo, sin que lo notemos, nuestra capacidad de habitar la quietud. Cuando alguien elige una vida donde sobra silencio —el canto de un gallo marcando la hora en vez de una alarma, una tarde entera sin urgencia— esa quietud nos resulta casi amenazante, porque ya no sabemos qué hacer con ella. Tememos aquello que ya no practicamos.
Los maestros taoístas hablan de wu wei, la acción a través de la no acción. Es decir no forzar, no acumular, dejar que las cosas sigan su curso natural. Para quien vive acelerado, esa enseñanza suena a pereza. Para quien la practica, es la forma más alta de sabiduría. El malentendido entre ambos mundos es, en el fondo, la misma atención encogida.
La promesa fallida
Tener no es sinónimo de felicidad. Tener mucho tampoco es sinónimo de más alegría o bienestar. El ingreso adicional, por encima de cierto umbral, deja de aumentar de forma significativa el bienestar emocional cotidiano. Una vez cubiertas las necesidades básicas, ganar más no trae proporcionalmente más paz. -Cuidado, no hablo de pobreza–
Pero la publicidad sigue vendiendo lo contrario. Sigue sugiriendo que el próximo objeto, el próximo cargo, el próximo nivel de ingresos, va a entregar finalmente lo que los anteriores no entregaron. La lógica estructural de nuestra economía depende de esa promesa. Toda dinámica de mercado presupone un consumidor levemente insatisfecho, deseando siempre el próximo lanzamiento, posponiendo siempre la saciedad. Dicho de otro modo, la felicidad no es el objetivo del consumo, es su aplazamiento constante. Si fueras feliz con lo que tienes, el sistema entraría en colapso. Por eso se invierten fortunas en mantenerte ligeramente insatisfecho, siempre. Entonce hemos descubierto a otro actor: la publicidad.
Cuando alguien aparece habiendo salido de esa rueda, encarna la posibilidad de que la promesa era falsa desde el principio. Y eso, para quien sigue corriendo detrás de ella, resulta casi insoportable de mirar.

Lo que las tradiciones antiguas ya sabían
Mucho antes de que la psicología le pusiera nombre a la proyección de sombra, los pueblos originarios y las tradiciones contemplativas ya conocían este mecanismo, y lo resolvían de otra manera. Lo hacían no acumulando razones para probar que el camino simple era correcto, sino viviéndolo como una forma de honrar a la tierra y a uno mismo.
Los pueblos andinos hablan del Sumak Kawsay, el «buen vivir». Una existencia en equilibrio con la comunidad y con la Pachamama, donde el bienestar no se mide en posesiones sino en armonía. No es una filosofía de la renuncia, sino de la suficiencia. Se tiene lo que se necesita, ni más, ni menos, y ese equilibrio es en sí mismo sagrado.
Los pueblos Lakota enseñan que la riqueza verdadera de una persona se medía, tradicionalmente, por cuánto podía dar, no por cuánto podía guardar. La generosidad como estatus, la acumulación como pobreza espiritual. Quien guardaba de más para sí mismo, mientras otros carecían, no era admirado. Era compadecido.
En las enseñanzas budistas, el apego —tanha— es señalado como raíz directa del sufrimiento. No es que poseer algo esté mal, sino que la sed de poseer siempre más nos mantiene atados a una rueda que nunca se detiene. Soltar no es perder: es dejar de cargar lo que ya no hace falta.
Y en el pensamiento de los aborígenes australianos, el concepto del Tiempo del Sueño recuerda que la vida no es una línea de progreso hacia adelante que haya que ganar a fuerza de acumulación, sino un tejido circular donde el presente ya contiene todo lo necesario, si sabemos mirarlo.
Todas estas voces, tan distintas en origen, coinciden en un mismo punto silencioso. Que la plenitud no se construye sumando, se nos muestra soltando.

A modo de conclusión
Yo he caminado ese sendero con mis propios pies descalzos, y puedo decirles esto desde la experiencia y no desde la teoría. Cuando uno se aparta del ruido, no encuentra el vacío que tanto temía, encuentra el espacio que siempre estuvo ahí, tapado por lo urgente. Encuentra su propia voz.
He sentido en carne propia las miradas que juzgan, las que envidian en silencio, y las que se incomodan sin saber por qué. Y he aprendido a no cargar con esas miradas, porque no me pertenecen. Cada quien defiende, sin saberlo, la vida que ha construido, y a veces defenderla exige atacar lo que la cuestiona. Yo ya no discuto con esas voces. Las dejo pasar como el viento pasa entre las ramas del algarrobo, sin necesidad de detenerlas ni de convencerlas de nada.
No es libre quien más tiene, sino quien menos necesita para sentirse completo. Simplifica tu vida, y encontrarás que siempre fue suficiente. La tierra no pide que acumulemos, pide que habitemos. Y habitar, de verdad, es el acto más simple y más sagrado que existe.

Feliz Vida 😊
Las fotos están en su rinconcito 📷
Ay, mi querido Amigo Sabio!
No sabes cómo estás reflexiones tuyas me llegan como un bálsamo en estos días. Está siendo un tiempo de muchos cambios e incertidumbres que de momento, se están resolviendo de forma favorable, pero que hasta llegar a ese punto provocan inquietud, sobre todo si se relacionan con las personas a las que amas.
Siempre intento ver las cosas del lado bueno y me gusta tener varias opciones y sobre todo, un lema que he tratado siempre de transmitir a los míos, ais hijos sobre todo: no sufras por lo que te falta y disfruta de lo que tienes. Por eso entendí tu paso. Nos conocemos desde hace ya tanto tiempo! Ese despojarte de lo superfluo, de lo que no solo no aporta nada a tu vida, sino que le resta es una forma de decirle al mundo que necesitamos una vuelta a nuestro verdadero ser, a nuestra esencia humana. Que si no nos encontramos cómodos con la imagen que el espejo de la vida nos devuelve, cómo vamos a mostrarnos a los demás? Eso voy intentando yo también. Reconocerme en mis actos y en mis palabras y que no me dé miedo ni vergüenza que otros me conozcan así también. Quién se quede será bienvenido y quien se aleje también se irá sin reproches por mi parte. Entiendo que no todos somos piezas del mismo puzle, no todos tenemos que encajar. Todo esto es un proceso, a veces difícil y doloroso, pero siempre necesario. Entiendo que la magnitud de estos cambios no tiene que ser la misma para todos. No todos necesitamos lo mismo, pero ser conscientes de esa necesidad ya es un paso. Los siguientes irán llegando.
Feliz vida, Sabio Amigo. Feliz descanso que compartas tus ideas y tus experiencias haciendo reflexionar sobre las mías propias.
Abrazo infinito.
Keti querida 😃😃
Qué hermosa manera de abrir el corazón en estas líneas. Tus palabras son un bálsamo para quien las recibe, un espejo claro de esa sabiduría que habita en ti y que compartes con tanta naturalidad.
Además es verdad, una amistad de tanto tiempo llevamos que reconforta saberlo y sentirla 😃
Ese lema que de alguna manera has tejido con los tuyos —»no sufras por lo que te falta y disfruta de lo que tienes»— es un eco profundo de la tierra que se pisa con consciencia. Porque, al final, cuando se acaba el tiempo, solo llevamos aquello que hemos cultivado en el alma; es decir los afectos que nos han transformado, las alegrías que han sido faro en la niebla, las experiencias que nos han devuelto a nuestro centro.
Así es, en esa urdimbre de la vida, las almas van y vienen, como hojas en un río. No todas están llamadas a compartir el mismo remanso, y eso aunque a simple vista parezca pérdida, la verdad que no lo es, es un flujo de la misma vida. Cada quien sigue su sendero de aprendizaje, y tu decisión de soltar sin reproches es un acto de respeto profundo hacia el viaje de los otros y hacia el tuyo propio.
Me encanta que menciones el espejo. Porque, al final, la vida simple no es solo despojarse de objetos, sino de máscaras. Es mirarse en el agua quieta y reconocerse sin miedo, con esa vulnerabilidad que es la fuerza más auténtica aunque por fuera se vea como debilidad. Y desde ahí, mostrar al mundo una presencia viva en carne y espíritu y no una imagen pulida.
Tu proceso, ese que cuentas como a veces difícil y necesario, es un ritual de sanación. No todos los cambios requieren la misma tormenta, pero cada uno, en su medida, es una invitación a recordar quiénes somos más allá de lo que hacemos o tenemos.
Gracias por compartir tu vida con tanta honestidad y ternura. Por recordarnos que el verdadero encuentro no es el que obliga a encajar, sino el que honra las diferencias como piezas de un mismo gran misterio.
Sigue así, amiga, reconociéndote en tus actos y en tus palabras. Que tu camino esté lleno de esos atardeceres que no necesitan explicación, y de abrazos que, como este, se quedan en el aire como semillas de luz.
Un abrazo grande de viento a la distancia Keti querida, desde la raíz de la tierra hasta la copa del cielo 🤗💫
Cuídate en tu andar, que el mundo necesita más almas como la tuya, despiertas y en calma.
Gracias por tu compartir. Desde un lugar muy profundo resuena en mi desde siempre el llamado a vivir con sentido, no siempre se puede escuchar el eco de ese llamado , las causas son múltiples, pero el eco sigue resonando y afirma que hay esperanza y va marcando el camino hacia el mismo lugar, siempre guiado por los ritmos de la naturaleza.
Gri 😃
Qué lindo es escuchar esa resonancia profunda que llevas dentro, ese llamado que no entiende de modas ni de prisas, sino de latidos sincronizados con la tierra. Es el eco que nos habla, es la voz antigua que vive en los huesos de quienes recordamos que pertenecemos a algo más grande que las consignas del momento.
Tienes toda la razón cuando dices que no siempre es posible escucharlo con claridad. Vivimos inmersos en un ruido constante, en un vendaval de estímulos que nos alejan de nuestro centro. Pero lo hermoso de ese eco es que, aunque a veces parezca distante, nunca desaparece. Está ahí, como el murmullo del río bajo el hielo, esperando el deshielo para volver a fluir.
Y qué esperanzador es saber que, aunque los caminos sean diversos, todos los que atienden ese llamado terminan encontrándose en el mismo lugar, en la simplicidad, en lo esencial, en los ritmos que la naturaleza nos marca con su sabiduría ancestral. No hace falta huir del mundo para vivir así; basta con recordar que el mundo no es solo lo que nos venden, sino lo que sentimos cuando el viento nos roza la piel o cuando la tierra nos sostiene los pies.
Esa vida simple, en el campo o en la ciudad, no es un lujo ni una rareza, es un regreso a la memoria de que somos parte de un tejido vivo, donde cada acto cotidiano puede ser un ritual, cada encuentro una celebración, y cada pausa una oración silenciosa.
Gracias por tus palabras, que son el eco persiste, que la esperanza no es ingenua, sino firme como las raíces de un árbol viejo. Sigue escuchando, sigue confiando en que ese pulso natural te guía, aunque los caminos se tuerzan. Al final, todos volvemos al mismo centro, al amor por lo real, por lo genuino, por lo que nos hace humanos en el sentido más amplio y sagrado.
Un abrazo de viento a la distancia, cálido, como el sol que calienta la tierra después de la lluvia.
Que tu paso sea ligero Gri y tu mirada, siempre atenta al canto de lo sencillo 🤗
Me ha encantado este escrito.
Te ha salido de dentro, cargado de honestidad. Rotundo. De un alma dolida, pero valiente, que no se acobarda.
Yo te admiro y lo sabes. Tú elección, ruptura y cambio de vida me parecen, de verdad, fantásticos.
Mira, ahora mismo, tengo las ventanas abiertas y estoy escuchando como 3 o 4 bichos diferentes. De vez en cuando pasa algún coche, sí, pero no es el estrés de una gran urbe, no podría con ello, por eso entiendo de lo que nos hablas.
Hace un par de días estuve pensando en como las personas nos vamos forjando un personaje, al qué un día, cuando nos hacemos conscientes de lo que nos ha hecho construir está sociedad, tenemos que desmantelar… Algo podemos conservar, pero que sea lo justo.
Creo que algo tiene que ver con el tema de hoy…
Hay quienes viven en el estrés y los respeto, entiendo que ahí sacan la motivación. La vida se convierte en una competición, divertida, llena de retos y superación, en la que el ego es el protagonista y tiene que estar siempre alimentado y premiado. Como he dicho, respeto, pero no comparto. Lo conocí durante unos años.
Cambiar esto es difícil si no viene como consecuencia de alguna » cachetada» de la vida.
Y como bien cuentas, siempre hay retractores, que se creen jueces y verdugos. Ni caso.
Como conclusión, decir que hay quien prefiere un café con una buena conversación, antes que una gran fiesta.
Seré un aburrido y un tristón?… Igual… Jaja !!
Gracias por el Post, tú tiempo y tú honestidad.
Disfruta del día, compañero y que mi abrazo te pille en la frescura del huerto.
Lagartija Brava 😃
Que hermoso comentario amigo 😃
Gracias por traer de nuevo lo que este escrito tenía dentro. Sí, salió de un lugar hondo, de esos que uno visita pocas veces porque duelen al entrar, pero que también son los únicos que dicen la verdad sin adornos. Y me alegra que lo hayas sentido así, rotundo, porque a veces la honestidad no necesita ser bonita, alcanza con ser real.
Eso que compartís de las ventanas abiertas, de los tres o cuatro bichos cantando, del coche ocasional que pasa sin romper la paz… eso es la vida simple hablando en su idioma propio. No hace falta el silencio absoluto ni la soledad de una montaña; alcanza con ese punto justo donde el ruido del mundo deja de mandar y empieza a acompañar, nada más.
Me quedo pensando en esa imagen del personaje que se va forjando y que un día, cuando despertamos un poco, hay que desmantelar. Es así, hermano. Vamos cargando capas —expectativas, mandatos, disfraces que otros nos entregaron creyendo que nos quedaban bien— y llega un momento en que el alma, cansada de sostener ese peso que no le pertenece, empieza a pedir que soltemos. No todo se tira, tenés razón, algo se conserva, lo justo, lo que de verdad fue elegido y no impuesto. El resto vuelve a la tierra, como las hojas que ya cumplieron su ciclo.
Y sobre los que viven en el estrés, en esa competencia donde el ego pide aplausos constantes, yo también los respeto, porque cada camino tiene su tiempo y su lección. Hay quienes necesitan atravesar ese camino para después, con la «cachetada» que mencionás, encontrar la quietud del otro lado. Nadie llega antes de tiempo a la simplicidad; se llega cuando el alma ya recorrió lo que tenía que recorrer.
Sobre los retractores, los que se creen jueces, ¿qué decirte? Que sigan su camino, que cada quien cargue su propia vara de medir. Nosotros, mientras tanto, con nuestro café, el mate cerca y nuestra buena conversación, no somos aburridos ni tristones — somos, simplemente, gente que ya encontró dónde está el verdadero festejo.
Gracias por tu tiempo, por tu mirada despierta, por seguir caminando conmigo en este espacio que se sostiene solo con palabras compartidas y nada más.
Un abrazo grande de viento a la distancia, que te llegue entre el canto de esos bichos y la frescura de tu huerto 🤗
Que buen post querido amigo, sincero y productivo si lo sabemos leer como tú lo dices.
Te digo algo que quise compartir contigo y que ahora termino de entender muchas cosas que alguna vez me contestaste en ya ni siquiera sé cuantas charlas 😄 Me contestaste que tu alma vino con una lección para aprender y esa era conocer y vivenciar el amor y que además algo que ya tenías más que aprendido era el desapego material.
Quizás lo sabes o quizá no, pero eso tan simple es lo que te ha dado tanta sabiduría. Mira, las personas todo lo queremos poseer y por eso mismo toda la vida es complicada y llena de cosas que nos faltan o nunca terminamos de tener.
Sin más, mi novio, mi hijo, mi padre, mi sobrina… todos son «mi»😅😅 mi casa, mi coche, mi gato mi trabajo hasta mi trasero 😂
Y alguna vez leí que tan solo por esa razón nos borran los recuerdos de vidas pasadas porque nuestro afan de posesión nos volvería locos. Imagínate que tu hijo en la vida anterior eligió encarnar como el gato de tu vecino en esta 🙃 ni que callarias si lo sabes, estarías a puro grito: oye tío devuelveme mi hijo que sino te pateo el culo y… esa alma habla elegido ser gato por vaya a saber que razón 😂 y tú la cagaste 🤭
Por ese desapego que tienes el universo te ha dado tanta sabiduría porque te aseguro no es fácil ser amplio de pensamiento y tranquilo para no empezar a dar hostias a cuanto cabronazo anda suelto 😛
Estoy contenta de leerte y a mí en lo personal me parece uno de tus mejores escritos, además que sin dudas estás sin dudarlo en el mejor momento de tu vida tomando mate debajo de un algarrobo escuchando pájaros y gallinas de ruidoso cacareo 😉😜
Te quiero muchísimo amigo 💕 no cambies en ese desapego 🙏😘🤗🫂
Querida Laura, ¡qué alegría leerte una vez más por aquí! 💕
Me has hecho reír y mucho, la verdad que tu comentario es un regalo, y no solo por lo que dices sino por cómo lo dices — con esa risa que solo vos tenés, capaz de meter una carcajada justo en medio de una verdad que podría dolernos si la mirásemos muy de frente.
Así es amiga, claro que me acuerdo esas charlas. El amor como lección de esta alma, el desapego material como algo ya transitado en otras vueltas de la rueda… a veces una persona de afuera ve con más claridad el espacio de nuestra propia alma que uno mismo, ¿no te parece? O quizás ya hace tiempo dejó de ser de afuera 😃
Vos me lo devolviste hoy, convertido en palabras, y te lo agradezco de corazón.
Ese «mi» que mencionas es, para mí, una de las trampas más sutiles y más humanas que existen. No hay maldad en ella — es puro instinto de supervivencia de un ego que necesita anclarse a algo para sentir que existe. El problema no es querer, el problema es poseer lo que por naturaleza es libre. A las personas, los animales, hasta nuestro propio cuerpo, que un día también soltaremos. Cuanto más aprieta la mano, menos fluye la vida entre los dedos.
Y tu ejemplo del gato… Laura, me hizo reí y no te imaginas cuánto 😄 Pero detrás de la risa hay una enseñanza enorme: si realmente viéramos con los ojos del alma y no con los ojos del apego, sabríamos que cada ser que amamos elige su forma, su tiempo, su camino — y que amar de verdad es poder decir «andá, sé lo que viniste a ser» aunque eso signifique maullar en el jardín del vecino. Por eso se corre el velo entre vidas, me parece. No por castigo, sino por compasión. Para que podamos amar sin cadenas en cada vuelta que damos.
La vida simple de la que hablo en el post no es ausencia de cosas, es ausencia de garras. Es tener mate, pájaros, el ruido alegre de las gallinas, y no necesitar que nada de eso sea «mío» para que sea mío el instante en que lo vivo.
Hace ya muchos años, un casero de un campo -sin saberlo- me dio una de las lecciones más grandes al respecto. Era tal su compromiso con ese lugar que en teoría cuidaba que sin medir las palabras le dije: el patrón te tendría que dejar esto alguna vez… y su respuesta fue incomoda e increíble, me dijo: es mío y no porque un papel lo diga sino porque así lo siento y nada cambiaría eso. Un verdadero maestro que ni siquiera supo lo que enseñaba 🙌
Gracias por acompañarme tanto tiempo en este camino, por tu humor que ilumina y tu cariño que sostiene. Te quiero muchísimo también, amiga del alma. Un abrazo grande, de esos que no poseen a nadie pero que se sienten enteros. 🤗🙏