Farmear aura está de moda…
Entonces debería pulir el título y decir: Farmear Aura, cuando el despertar espiritual es saqueado por lo trivial. -Parece más claro-
Hay una mano traviesa que aparece cada vez que la humanidad empieza a despertar. No la vemos llegar, no toca la puerta ni se anuncia. Simplemente, cuando un colectivo de almas comienza a preguntarse por el sentido, por lo sagrado, por lo que no se toca ni se compra, esa mano desparrama las piezas del tablero espiritual y arma con ellas otra cosa. Algo que se le parece. Algo que usa las mismas palabras. Pero que ya no es lo mismo.
Quienes llevamos años caminando senderos espirituales lo hemos visto antes. Y quiero contarte, con calma, con mate en mano, cómo se repite esta historia — y qué es eso que hoy llaman «farmear aura».
Cuando el new age nació de un despertar real
No fue espontáneo, aunque siempre quiso mostrarse así. El new age nació justamente en una etapa donde las sociedades atravesaban una ola profunda de búsqueda espiritual, una suerte de despertar colectivo que empujaba a millones de almas a preguntarse qué había más allá de lo institucional, de lo heredado, de lo impuesto.
Y como de la galera, apareció un movimiento con toda la apariencia de ser el marco que iba a contener y potenciar ese despertar. Para sorpresa de muchos — ninguna sorpresa para los pocos que lo olfateamos de lejos — ese movimiento terminó diluyéndose detrás de una obra bien orquestada. Drogas psicodélicas, amor libre como consigna vacía, inconformismo de vidriera, política disfrazada de conciencia. Hasta explotó el hipismo, la música de moda -también llamada new age- y un merchandising que jamás podía faltar.
La historia fue simple. El new age se convirtió en una oferta que tenía de todo, menos un verdadero camino espiritual. Y esa cosa que parecía tan espiritual terminó opacando lo que, para muchos, había nacido genuinamente como un despertar del alma.
Farmear aura: la nueva versión del mismo saqueo
Hoy el fenómeno tiene otro nombre: «farmear aura».
Te cuento de qué se trata.

Es una tendencia que involucra sobre todo a jóvenes, en desafíos donde la creatividad y la presencia se convierten en el recurso principal para destacar frente a la mirada de sus pares. Es un fenómeno que surfea las redes sociales — viral, contagioso, hecho a la medida del algoritmo.
El término nace de la fusión de dos ideas digitales. «Farmear» viene del inglés to farm, un concepto propio de los videojuegos. (repetir tareas para acumular recursos o experiencia y así fortalecer a un personaje dentro de un entorno competitivo). Hablamos de juegos. De recursos virtuales.
«Aura», en cambio, refiere en ese ámbito a la suma de atributos simbólicos que una persona proyecta: carisma, presencia, seguridad, estilo, magnetismo.
La idea de aura que cualquier caminante espiritual lleva incorporada queda, frente a esto, como burro en una terraza.
Lejos de fortalecer algo espiritual, esta movida no habla de una cualidad del alma sino de la impresión que uno deja en el entorno, tanto en la vida real como en el espacio virtual. Farmear aura sería, entonces, una manera de acumular «puntos» de prestigio social a través de la actitud, ya sea en lo cotidiano o en las redes.
Espiritual, me temo, no tiene nada.
El aura que de verdad existe

Porque el aura, la de verdad, no se farmea. No se acumula por repetición ni se gana por aprobación ajena. En las tradiciones que muchos de nosotros hemos caminado — desde la mirada andina de la energía que envuelve todo ser vivo, hasta la percepción chamánica que lee los campos sutiles de una persona — el aura es el reflejo de un estado interior. Cambia con la salud emocional, con la coherencia entre lo que se piensa, se siente y se hace, con el modo en que cada quien habita su propio hálito de vida.
No se trata de impresionar a nadie. Se trata de estar en orden con uno mismo, y que ese orden se note sin buscarlo. Es, en el fondo, lo opuesto a farmear: es wu wei, el no forzar taoísta, dejar que el propio brillo sea consecuencia de la coherencia interior y no de una estrategia para la mirada ajena.
Por qué esto vuelve a pasar: la sombra del despertar colectivo
Aquí quiero hacer un alto, porque creo que es lo que más vale la pena entender. Cada vez que aparece un movimiento genuino de búsqueda de sentido, aparece también su sombra — en el lenguaje de Jung, esa parte no integrada que el colectivo todavía no supo mirar de frente. El deseo profundo de trascendencia convive, en la misma alma humana, con el deseo de ser visto, admirado, reconocido. Y cuando el primero se debilita o se vuelve incómodo de sostener, el segundo entra por la ventana disfrazado de espiritualidad.
Si pensamos en la resonancia mórfica de Sheldrake — esa idea de que los campos colectivos se refuerzan con la repetición — entendemos también por qué estas modas se viralizan tan rápido. No hace falta que cada joven entienda el fenómeno completo, alcanza con que el campo esté activado y todos empiecen a resonar con él, casi sin saber por qué.
No es la primera vez que veo esto. Antes de los que farmean aura, aparecieron los therians — personas que se perciben a sí mismas como animales y se comportan socialmente como tales —. Justo en una etapa donde muchas almas atraviesan un nuevo despertar, con toda esa búsqueda genuina y esas preguntas que empiezan a incomodar. No es casual. Es, otra vez, la misma sombra buscando dónde disfrazarse.
Una conversación que no llegó a ningún lado
Hace poco intenté explicarle a un joven qué era el aura de verdad, cómo se podía trabajar, mejorar, y qué relación tenía con los distintos estados anímicos, espirituales y emocionales. Me respondió que no, que era algo completamente distinto, y me contó — con total convicción — exactamente lo que vengo describiendo: cómo los jóvenes lo entienden hoy.
Ah! de paso me recalcó que si quería «farmear aura» de mínimo tenía que tener «un tiktok» o «un instagram» 🤔😲
Lo que me dijo una amiga psicóloga
Hablé el tema con una amiga psicóloga, y me dijo que lo que estaba ocurriendo a nivel social y emocional era, en realidad, bastante sano. Que lo que a mí me podía parecer simplemente una forma de entretenimiento vacío, no lo era del todo, porque también nos muestra algo real del corazón humano. Eso es el deseo de ser admirado y reconocido. Que el concepto de aura que yo llevaba incorporado hacía tiempo que había dejado de usarse tal cual yo lo entendía, al menos en el lenguaje de las nuevas generaciones.
El mate, las brasas y una risa larga
Puse la pava junto a las brasas y, mate en mano, llegué a una conclusión. Sería muy difícil explicarle a un chamán que ve el aura de las personas y de los seres, que la vida había cambiado tanto que la sociedad le había dado una vuelta por encima y lo había dejado, sin querer, un poco abajo.
Es difícil también que en la mente chamánica quepa la idea de que crear o modificar el aura sea un entramado de poses para redes sociales. Me reí solo un largo rato, y creo que hasta el gallo intuyó que algo no terminaba de encontrar su lugar en ese rompecabezas mental que tiene la vida.

A modo de conclusión
No busco cambiar lo que las juventudes disfrutan en sus pasatiempos. No es ese mi lugar, ni mi intención. Pero sí quiero dejar una marca en el camino, para quienes vengan después y necesiten reconocer el patrón cuando vuelva a repetirse — porque va a repetirse.
Cada vez que algo esencial comienza a gestarse en el corazón de una sociedad, cada vez que un despertar espiritual empieza a mover las raíces de lo colectivo, aparece de la galera algo trivial. Y entonces el camino se ensancha, se ilumina con luces artificiales, pero deja de conducir a donde antes parecía llevarnos.
He aprendido, con los años, que esto no es motivo de desánimo sino de discernimiento. El karma colectivo se mueve así, en espirales: cada generación recibe la semilla de una búsqueda genuina y también la tentación de vaciarla de contenido. Lo que nos toca a los que ya llevamos tiempo en el sendero no es señalar con el dedo, sino sostener la memoria de lo que el aura, el espíritu, el despertar, realmente significan — para que cuando alguien esté listo para preguntar de verdad, encuentre todavía el agua clara debajo de tanta espuma.
Los años vuelven al viejo sabio un poco más desconfiado, es cierto. Pero también nos regalan algo mejor que la desconfianza: la certeza tranquila de que lo verdadero, aunque se disfrace mil veces, nunca deja de ser reconocible para quien de verdad lo busca.
Como dice el dicho: al que nace barrigón, es al vicio que lo fajen 😂. Y por eso te digo, con cariño: al que vive como chamán, no le enseñes a farmear aura. Nunca lo entendería. Ya tiene, desde hace mucho, algo mejor que farmear: tiene que vivir.
rinconcito
Feliz Vida 😊
Las fotos están en su rinconcito 📷

Querido sabio,
Me ha hecho gracia este tema, hasta hace poco ni sabía lo que era esta nueva moda. Cuando lo ví en la tele, pensé que era alguna nueva gilipollez, los jóvenes son propensas a ellas, son cosas de la edad ( yo mismo, si de joven hubiera tenido una pinta más correcta, quizás otro gallo hubiera cantado, jajaja…).
Es normal ese deseo de llamar la atención, destacar, ser diferente, ir contracorriente, ser inconformista… La pena me da, que a día de hoy, muchos lo hacen por buscar fama, dinero… Algo que les resta energía y terminará frustrando.
Al final, siempre hay una búsqueda interna , motivada por el ego o por algo que no está en paz, eso hace más fácil de entenderlo todo.
Y no es problema sólo de jóvenes, cualquier edad es buena para apuntarse a esas corrientes «new age“, se ve a diario y está bien también, por la misma razón.
Has escrito un buen post, partiendo de un tema, permíteme decirlo, un poco absurdo… Ahí se ve, tú talento, para escribir y para pensar.
Un abrazo de viento, compañero del camino!!
Disfruta la semana!!
Lagartija, compañero de tantos caminos compartidos 😃
Tu comentario llega como el viento que anuncia cambio de estación, y me gusta. Me hizo sonreír tu picardía al contar esa juventud que se te escapó entre gallos y risas. Ahí ya se nota tu manera liviana de mirar la vida, sin juzgarla demasiado.
Tenés razón en algo importante, que detrás de esa fiebre por «farmear el aura» hay, muchas veces, nada más que juventud buscándose a sí misma, ensayando máscaras nuevas como quien prueba ropa que todavía no le queda. Eso que vos ves con ternura y humor —esa búsqueda torpe de destacar, de ser distinto— yo también la reconozco, y no la condeno. Es parte del camino, como lo fueron mis propias tonterías de joven, allá bajo cielos que ya ni recuerdo bien.
Pero fijate que las dos miradas no se pelean, se completan, como dos ramas del mismo algarrobo que crecen hacia lados distintos buscando la misma luz. Tú ves el juego inocente, el pasatiempo de una generación; yo veo, además, la sombra que ese juego puede proyectar cuando lo trivial se disfraza de espiritual y termina alejando a la gente de lo que en verdad busca sin saberlo. No son dos verdades opuestas, sabio amigo, son dos alturas del mismo árbol, y desde cada una se ve un paisaje distinto pero real.
Lo que a mí me preocupa no es la juventud jugando —eso es sano, es vida moviéndose—, sino cuando ese juego se vuelve la única puerta que algunos encuentran hacia lo espiritual, y esa puerta, mal construida, los deja afuera de la casa verdadera. Ahí es donde mi mirada se pone un poco más seria, aunque el tema, como bien dices, tenga su costado absurdo y hasta cómico.
Yo también ando muy a contramano del sistema, ¿sabés? Aquí, entre gallinas y mate, hace tiempo que el celular dejó de mandar en mis días; prefiero que mande el canto de los pájaros. Será por eso que a veces mis palabras se ponen tan serias con estos temas, uno mira desde afuera y ve lo que desde adentro cuesta ver.
Gracias por leerme con esa mirada ancha, por regalarme tu risa y tu experiencia. Este espacio se enriquece cuando dos miradas distintas se sientan juntas a tomar mate, sin necesidad de que una convenza a la otra.
Un abrazo de tierra para tu abrazo de viento. Que la semana te encuentre liviano y con el alma bien puesta 🤗
¡Hola! Me quedé pensando en la fuerza de las palabras, en cuánto se movilizó con la palabra «aura».
El otro día me enviaron un video que decía que mi generación «farmeaba aura» así, y mostraban un grupo de jóvenes bailando de una manera particular; me dio risa eso.
Considero que hoy, al utilizar la palabra «aura» los jóvenes intuyen que hay algo más aunque no se vea, y la inmediatez de la vida digital, la falta de construcción de tiempos con sentido, la ausencia de estar y conectar llevan a expresiones que parecieran vacías, o faltas de coherencia, o reflexión. Es una buena oportunidad para dejarles una pregunta ¿ qué es el aura?, dejar interrogantes que produzcan el deseo de pensar un poco más e interpelar para enlazarlo a lo profundo.
Si me detengo a mirar un poco más, yo veo un llamado profundo que dice que solos no llegan a quitarse los velos, veo que les llama la atención la palabra «aura», ni mas ni menos, podrían haber dicho «farmear identidad, farmer yo, farmear lo que sea, no obstante, eligieron la palabra «aura», veo que cada uno intenta «mostrarla» de una manera que no entendemos, tal vez para ellos sea otra cosa, otro sentir, no lo sabemos.
Por otro lado, vuelvo a la fuerza de las palabras, me fascina saber cuánto se moviliza, cuánto se construye al utilizarlas en las expresiones. «Aura» ha llegado a este blog, ha llegado a mí con el deseo de compartir un pensamiento. Es fabuloso.
Este movimiento de sentidos, de ideas que chocan, de incertidumbre podría ser una gran oportunidad para implicar a las personas en otro tipo de pensamientos.
Gracias por construir estos intercambios. Abrazo, Silvana.
¡Silvana, qué alegría leerte! 😃
Y qué generosa tu forma de recibir esta palabra, de dejarla resonar en vos antes de devolverla convertida en pregunta para otros.
Me quedé con algo que decís, que los jóvenes eligieron justamente «aura» y no otra palabra. Eso no es casualidad, yo creo. Hay palabras que sobreviven a pesar de nosotros, que atraviesan generaciones y modas cargando algo que no terminamos de entender del todo, pero que igual reconocemos cuando la escuchamos. «Aura» es una de esas.
Fíjate que en el pericón —esa danza tradicional nuestra que todavía se baila en algunas fiestas tradicionales, sin preguntarse de dónde viene cada palabra que la acompaña— se usa la voz » de aura» y muchos la entienden simplemente como «ahora», como si fuera apenas una forma más antigua de decir el instante presente. Pero indagando un poco más hondo, en la paisanada esa palabra se usaba como voz nativa para nombrar lo esencial, lo que sostiene por debajo de lo visible. No el ahora del reloj, sino el ahora de lo que verdaderamente es.
Y ahí me parece que se cierra un círculo hermoso con lo que vos traés, esos chicos bailando, entre risas y filtros, tal vez sin saber que están tocando, sin quererlo, una palabra que nuestros paisanos usaban para nombrar la esencia misma de las cosas. Puede que no lo sepan con la cabeza, pero el alma sabe elegir sus palabras aunque la mente todavía no entienda por qué las eligió.
Coincido mucho en algo que decís, que no hace falta darles la respuesta. A veces lo más generoso que podemos hacer, como enseña esta tierra que piso cada mañana con el mate en la mano, es dejar la pregunta abierta como se deja abierto un portón, sin apurar a nadie a entrar. ¿Qué es el aura? Que cada uno la vaya descubriendo despacio, como se descubre el canto de un pájaro nuevo entre los que ya conocemos: primero como ruido de fondo, después como presencia, y un día, sin aviso, como parte de uno mismo.
Gracias a vos por traer esta reflexión con tanta hondura, Silvana. Las palabras, cuando se las escucha de verdad, siempre terminan mostrando más de lo que parecían decir.
Un abrazo grande de viento a la distancia 🌿
Mira yo no creo sean los chavales los culpables, son simplemente gilipollaz como a esa edad lo hemos sido todos y seguimos el oleaje que la sociedad hace y mueve a su alrededor.
Pero nunca me termino de dar respuesta de donde nacen estas gilipolleces que de pronto aparecen y ya.
Recuerdas el baile del canguro🤔 de pronto todos bailando como ese tío😂 y como ese cien más.
Lo que estoy segura es que no vienen de la nada ni por nada. Ya te lo sigo.
Ruth, qué certera tu intuición — y qué bien elegido ese ejemplo del baile del canguro, que a mí también me hace sonreír al recordarlo. Tenés razón, nada de eso nace de la nada. Lo que a simple vista parece un capricho colectivo, una ventolera que sopla y se lleva a media humanidad bailando o repitiendo la misma palabra, en realidad es la superficie visible de algo que se mueve mucho más abajo.
Yo lo pienso así, hay una suerte de campo compartido —algunos lo llaman egregor, otros conciencia colectiva, los pueblos originarios simplemente le dirían el espíritu del tiempo que anda caminando entre la gente— y ese campo se alimenta de lo que todos pensamos, tememos, deseamos y callamos. Cuando muchas almas están cargando una misma tensión sin saberlo, buscan una válvula. Y esa válvula puede ser un baile ridículo, una palabra que se pone de moda, un gesto que de pronto todos hacen sin poder explicar bien por qué. No es azar: es una descarga colectiva, como quien encuentra sin querer el mismo camino porque el terreno los empuja a todos hacia ahí.
Los chavales, como bien decís, no son culpables — son la corteza más sensible del árbol, la que primero recibe el viento. Nosotros, a esa edad, también fuimos rama tierna moviéndonos con cualquier brisa social.
Lo que no siempre vemos es que esas mismas gilipolleces —tu palabra, y la dejo tal cual porque tiene verdad y no agravio— también son un termómetro. Nos dicen algo de hacia dónde está mirando el alma colectiva en ese momento, aunque sea de reojo y sin querer. La sabiduría, entonces, no está en juzgar la ola sino en preguntarse qué mar la produjo.
Gracias por seguir tejiendo esta conversación con nosotros, Ruth. Un abrazo grande de viento a la distancia 🌿
Tienes razón Sabio 😂
Primero los terians, después los farma que nos hablas y tal como dijiste: no quedaría allí la cosa ahora tenemos los look ’80🤦♀️🤦♀️🤦♀️🤦♀️ Y digo: tú ya ya le pusiste tu carita a la IA?👁
A veces la realidad es muy clara cuando se la sabe mirar Nidia.
La vida parece moverse cubierta con un velo para que parezca natural, que fluye por su propia inercia pero detrás de ese velo, siempre hay manos que no se dejan ver y son quienes mueven los hilos que sostienen lo sostienen.
Y no amiga Nidia, no tengo amistad con ninguna ia y me temo que en menos de un lustro seguramente estaremos buscando a tientas un botón para apagarla que me temo ya no podremos encontrar. Además que fotografías de los 80 tengo muchas jaja y ni siquiera necesito emular aspecto retro. Si te digo que ya tomaba fotografías antes que apareciera la cámara digital, saca tu misma las cuentas.
Gracias por tu comentario y como dice el realismo fantástico: nada es nuevo, salvo aquello que hemos olvidado 😉
Te mando un gran abrazo de viento a la distancia 🤗