Existe el destino 🤔
Hoy hablamos un tema difícil: El destino, la Granja, el código y el alma que mira la cerca de la vida.
Mayo termina. Y con él, una montaña de preguntas o situaciones que ustedes lectores plantean y no tienen respuestas simples.
Hay preguntas que no buscan respuesta. Buscan compresión.
Durante semanas, y a través de correos, comentarios y silencios elocuentes, me han llegado variaciones de preguntas similares, casi repetidas, vestidas con distintas ropas: ¿Existe el destino? ¿Somos libres para elegir y decidir? ¿Hay algo o alguien que nos maneja desde afuera, desde arriba, desde adentro? ¿O simplemente flotamos en el azar como hojas en un río que no eligió su cauce?
No vengo a responder. Vengo a caminar junto a esas preguntas. No tengo respuestas, busco respuestas.
El destino y sus muchas caras
Hablamos del destino como si fuera una sola cosa. Y sin embargo, no hay palabra más porosa en el vocabulario espiritual.
Hay quienes lo entienden como un guion escrito antes del nacimiento, donde cada escena ya está impresa en algún libro invisible y nosotros apenas somos actores que leen sus parlamentos sin saberlo. El libre albedrío, en esta visión, es la ilusión más perfecta que existe: creemos elegir mientras el guion ya estaba allí.
Otros, con más sutileza, hablan de acuerdos de almas: no todo está determinado, pero sí hay ciertas intersecciones acordadas entre consciencias antes de encarnar. Personas que vendrán a enseñarte algo. Momentos bisagra que ocurrirán sin importar el camino que tomes para llegar. El destino no como una autopista de carril único, sino como una serie de plazas donde siempre terminas llegando, aunque hayas tomado calles distintas.
Y luego está la teoría de la energía vital como crédito de vida, que en Oriente tiene resonancias profundas: el prana, el chi, el ki. La vida como un fuego que se puede alimentar o desperdiciar. Quien vive con consciencia, con cuerpo respetado, con mente serena, alarga la llama. Quien la desgasta con excesos, violencias internas y venenos del alma, la acorta. Una suerte de economía espiritual donde tú eres tanto el banquero como el deudor.
Imponderables
Pero entonces aparece el imponderables, y todas las teorías se tambalean.
La persona que nunca fumó, que comió bien, que meditó, que amó con mesura, que vivió sin odio: muere de un tumor a los cuarenta y dos. O cae en un accidente una mañana de martes mientras compraba pan. Y el universo no da explicaciones. No hay servicio al cliente cósmico donde presentar el reclamo.
¿Eso era su destino? ¿Era el azar? ¿Estaba escrito o simplemente ocurrió?
Quizás no necesitamos una sola respuesta. Quizás todas son verdad en distintas capas del mismo misterio.
La granja humana: la teoría que incomoda

Hay una corriente de pensamiento —con cada vez más adherentes en los espacios espirituales, filosóficos — que sostiene algo perturbador en su simplicidad: este mundo es una granja.
No metafóricamente. Literalmente.
La cadena alimenticia como la conocemos es real y visible: la planta absorbe la luz, el insecto come la planta, el pájaro come el insecto, el gato come el pájaro, el hombre… come al gato, metafóricamente. Pero, ¿quién come al hombre?
Esta teoría —que bebe de tradiciones gnósticas, del concepto de arcontes propuesto por los gnósticos alejandrinos, de relatos sobre razas no visibles que habitan otras densidades de existencia— propone que el ser humano es también consumido. No su carne. Su energía densa. El miedo. La rabia. El sufrimiento. La desesperación.
Hay entidades —llámense arcontes, grises, vampiros energéticos de escala cósmica, o simplemente fuerzas— que se alimentarían de lo que generamos cuando estamos en nuestro estado más bajo: cuando odiamos, cuando maldecimos, cuando vivimos aterrorizados, cuando nos destruimos entre nosotros.
El molde incómodo
Y la granja funciona perfectamente mientras nadie se haga las preguntas incómodas. Mientras nadie mire la cerca.
La granja provee lo básico para la subsistencia: comida suficiente, entretenimiento suficiente, esperanza suficiente. Solo lo necesario para que las gallinas sigan poniendo huevos. Para que el miedo y la rabia sigan fluyendo como un río caudaloso que alguien, en algún lugar de la existencia, aprovecha.
Esta visión tiene parentesco con el samsara budista: ese ciclo interminable de nacimiento, vida, muerte y renacimiento, donde las almas ruedan en la noria sin recordar lo que fueron, sin reconocer que el ciclo puede romperse. La diferencia es que el budismo ofrece la salida: el despertar. La teoría de la granja, en sus versiones más oscuras, no siempre es tan generosa.
¿Es todo esto verdad? No lo sé. ¿Tiene resonancias simbólicas y espirituales profundas aunque no sea literal? Sin duda.
Y a veces la verdad habita en la metáfora más que en el hecho comprobable.
La mirada del programador: el universo como código
Trabajé años frente a pantallas, escribiendo líneas de código, haciendo sistemas y escribiendo programas. Y hay un momento, cuando llevas tiempo haciendo eso, en que empiezas a ver la realidad de otra manera. Como si el mundo tuviera una sintaxis.
Consideremos esta imagen:
Si tuvieras que programar una granja, jamás escribirías el código específico para la vida de cada gallina. Sería absurdo. Ineficiente. Imposible. No habría suficiente memoria en ningún servidor del universo para almacenar la variable gallina_nro_7341_pensamiento_a_las_14:37. En cambio, definirías parámetros: el espacio disponible, las reglas del sistema, los límites del corral, las alertas que se disparan si algo se sale de los márgenes permitidos.
La gallina número 7341 haría lo suyo dentro de esos parámetros. Su vida, su picotear, sus relaciones con las otras gallinas, sus huevos: todo eso ocurriría de forma emergente, generada por las interacciones dentro del sistema, no programada línea por línea.
Cómo sería entonces 🤔
El programador pasaría sus horas en otra cosa: en definir qué pasa cuando una gallina escala la cerca. Qué alertas se disparan. Qué consecuencias activa el sistema. En qué condiciones la cerca se vuelve más alta. Cómo se evita que el conocimiento del exterior llegue al interior del corral.
El libre albedrío, en esta metáfora, no desaparece. Existe. Pero opera dentro de un espacio de posibilidades que alguien —o algo— definió. Eres libre dentro del corral. El universo no te controla cada movimiento. Pero la cerca existe.
Integrando la idea
Y aquí viene el principio hermético que resuena en esto: «Como es arriba, es abajo. Como es adentro, es afuera.» Lo que vemos en lo pequeño es el espejo de lo grande. Si los humanos construimos sistemas donde hay granjas, prisiones, corporaciones que administran las vidas de millones… ¿por qué sería absurdo imaginar que existe un nivel superior donde algo similar ocurre con nosotros?
No digo que sea así. Digo que la estructura podría ser fractal.
Las gallinas y sus destinos
Dentro de cualquier granja —real o metafórica— no todas las gallinas son iguales.
Está la gallina que vive su vida tranquila. Va del nido al terreno, del terreno al nido. Come, duerme, pone sus huevos. No pelea, no rompe nada, no hace preguntas. Cumple su ciclo con una especie de dignidad sin nombre. No sabemos si es feliz, pero es funcional. La granja la quiere así.
Están las gallinas destructivas: las que rompen los huevos de las otras, las que se los comen a escondidas. Las que cagan a picotazos a las otras, generan caos y sufrimiento dentro del sistema. Irónicamente, son también perfectamente funcionales para la granja: su crueldad genera el miedo y la angustia que alimenta el sistema.
Y luego están las que caminan el alambre.
Las que miran para afuera.
Las que sienten —con esa certeza sin argumento que tiene el alma cuando sabe algo— que su vida real no está dentro del corral. Que hay algo más allá de la cerca que no recuerdan pero reconocen. Que el cielo que ven desde adentro es el mismo cielo que hay afuera, pero que verlo desde afuera debe sentirse distinto.
Estas son las más inquietas. Las más incómodas para el sistema. Las que preguntan. Las que no se conforman con el grano diario y el techo garantizado.
Son, quizás, las más cercanas al despertar.
La pregunta que no tiene respuesta cómoda

¿Y si todo esto fuera simultáneamente verdad?
¿Si viviéramos en un universo creado por una inteligencia vasta y amorosa —llámala Dios, Conciencia Suprema, El Todo, la Gran Mente— y dentro de ese universo existiera, como una posibilidad entre infinitas, un planeta que funciona como granja? ¿Y si en ese planeta hubiera almas que eligieron encarnar aquí para aprender, para crecer, para cumplir acuerdos? ¿Si el azar también existiera, real y sin propósito, como una textura inherente a la existencia? ¿Y si el libre albedrío fuera real dentro de ciertos parámetros, y esos parámetros pudieran expandirse a medida que la conciencia crece?
¿O si el samsara fuera real para algunas almas, y el despertar también lo fuera?
¿Y si la respuesta no fuera una sola, porque la realidad tiene más capas de las que podemos sostener con un solo concepto?
Tal vez el problema es que buscamos la explicación única. La Teoría del Todo. El modelo que lo resuelva todo y deje el misterio en cero. Y la existencia, sabia y generosa, se niega a caber en ningún modelo.
Lo que sí podemos saber
Entre tanta incertidumbre, hay algo que observo con mucha claridad:
El sufrimiento innecesario es el alimento preferido de lo oscuro, ya sea que lo oscuro sea una entidad externa o simplemente la sombra que proyectamos cuando no nos conocemos. Quien vive en el miedo crónico, en la rabia permanente, en el odio cultivado como jardín, en la queja como modo de existencia: produce exactamente lo que alimenta el sistema que lo mantiene prisionero.
Y al revés: quien cultiva la ecuanimidad, la compasión, el gozo simple, el amor sin expectativa, el conocimiento de sí mismo… se vuelve cada vez menos apetecible para cualquier granja. Sea literal o metafórica.
No es casualidad que todas las tradiciones espirituales del mundo, sin excepción, apunten en la misma dirección: el despertar es hacia adentro, no hacia afuera. El camino no pasa por entender el sistema desde afuera, sino por salirse de él desde adentro.
Como lo dice Andrea (Preet Gobinde Kaur): «Para mi no existen remedios mágicos ni recetas milagrosas, LA SALIDA ES HACIA ADENTRO, por lo que es imperioso volver al centro, a dejar de huir de si mismos, a volver al silencio aunque sea incómodo.» comentario citado
Que quizás es lo mismo que escalar la cerca.
A modo de conclusión: mayo, el mes que pregunta
Mayo termina con más preguntas que respuestas. Como debería ser.
Somos, tal vez, gallinas que a veces caminan el alambre. Y en ese caminar hay algo sagrado: la incomodidad de no conformarse, el vértigo de mirar más allá, la valentía de sostener la incertidumbre sin apresurarse a llenarla con una certeza prestada.
El destino puede ser un guión, o una serie de plazas ineludibles, o el resultado de acuerdos que no recordamos. El azar puede existir como textura del universo. La granja puede ser real en algún nivel. Y el libre albedrío puede ser simultáneamente limitado y absolutamente real dentro de sus límites.
Quizás lo más honesto que puedo decir es esto:
No sé qué somos. Pero sé que la pregunta misma es un signo de vida.
Y la gallina que mira la cerca ya no está completamente dentro de la granja.
¿Y tú? ¿Crees en el destino? ¿Caminas el alambre o vas tranquilo del nido al terreno?
No hay respuesta correcta. Solo hay conciencia o su ausencia.

Feliz Vida 😊
Las fotos están en su rinconcito 📷

Las piezas del puzle.
Llega un día en el que abrimos la caja, esparcimos las piezas, observamos.. y ahí empieza el lio.
¿Donde va colocado cada fragmento?.
Cada pieza, resulta una teoría distinta. A veces, un abanico de posibilidades. Unas se conectan entre si, otras tienen apariencia independiente, pero al mismo tiempo, todas son de interés.
Pensamos sobre ellas, reflexionamos.. intentamos poner orden y buscamos la respuesta mas acertada. Pero a la vez, el abanico se sigue abriendo y ampliando, pudiendo sumar mas posibles respuestas. El lio se acentúa.
En un momento dado, mareados y cansados de ordenar y reordenar teorías, cada vez mas complejas y en ocasiones contradictorias entre si, nos planteamos devolver las piezas a la caja.
Quizás entonces, nos damos cuenta de que el puzle que pretendíamos montar minuciosamente, era demasiado complejo, para nuestra limitada comprensión en este plano.
La decepción llega, pero es temporal.
¿Que teorías eran ciertas?, ¿cuales eran erróneas?, ¿cuales eran inventadas a propósito y para confundirnos?. Quizás en la sencillez, estén las grandes respuestas.
En ocasiones, pensamos que el Creador nos dejo aquí a nuestra suerte, entre todo tipo de conflictos, amenazas y peligros. Y aunque yo mismo, sea el primero en no entender buena parte de sus planes, intento confiar en quien creó este sorprendente y ordenado Universo. Aunque la confianza, resulta a veces muy complicada.
Se nos dice que lo que es abajo, es arriba. Y de ser cierto, cuando apenas comprendo el funcionamiento de abajo, se que difícilmente lograre resolver los misterios de arriba.
La curiosidad nos llama, pero la paciencia es también una virtud. Todo llegara en su momento.
Algún día saldremos de aquí. Y quizás ese puzle al fin, pueda ser completado. Pero hasta que ese momento llegue, intentemos vivir en la confianza de que todo esto, tiene un sentido.
O eso espero..
Un abrazo
Estimado Barón Rojo 😃
Qué imagen tan verdadera la que has dejado: la caja abierta, las piezas esparcidas, y ese momento en que el vértigo nos hace querer volver a guardarlas todas.
Ese mareo del que hablas no es señal de fracaso — es señal de que estás mirando de cerca algo demasiado grande para ser abrazado de un solo vistazo. El puzle que buscamos armar no es uno de esos que se resuelven en una tarde de lluvia. Es de los que ocupan toda una vida… y quizás más. Hasta te digo más, lo vamos armando por sectores y cuando ccreemos tenemos una parte ya terminada, vemos que hay piezas no son de allí y nos faltan las correctas,
Lo que más me destaco en tus palabras es la honestidad de ese «aunque yo mismo sea el primero en no entender buena parte de sus planes». Ahí hay una sabiduría que muchos espirituales disfrazan de certeza: la humildad de reconocer que caminamos con antorcha en mano, pero que la oscuridad siempre es más grande que nuestra llama. Y aún así, caminamos.
Esa frase antigua — lo que es arriba es abajo — no es una promesa de que comprenderemos todo. Es más bien una invitación a confiar en que el tejido existe, aunque no veamos los hilos desde donde estamos parados. Somos la trama, no el tejedor.
Tienes razón en algo que dices casi de pasada: quizás en la sencillez estén las grandes respuestas. Los que más saben suelen cargarse de menos preguntas, no de más. El árbol no se pregunta si crece bien — simplemente busca la luz con todo lo que tiene.
Y mientras tanto, mientras terminamos de entender, la vida ocurre. Eso también es parte del puzle: el no saber mientras se vive es, quizás, la pieza más importante de todas.
Gracias por traer tu reflexión con tanta honestidad y tanto corazón. Eso también es una forma de buscar.
Un abrazo grande de viento a la distancia 🤗💫
Vaya temita, compañero,
… Estaremos viviendo una gran mentira…?
Voy a desarrollar la idea de la granja esa, con tú permiso.
Para quien servimos de alimento? .
Como se alimentan ?
Sólo lo negativo es comida ó lo positivo, también?
Alguna vez te he hablado de una hipótesis, una que dice que nuestra consciencia podría ser un parásito extraterrestre que nos habita hasta qué morimos y en ese momento se desprende de nosotros. Suena loco, pero hay regresiones que hablan de vidas pasadas extraterrestres…
Puedes imaginar este parásito como un anisakis del pescado, que se alimenta de nuestras emociones pero qué a su vez es todo lo que somos, sin el seriamos animales sin evolucionar, quizás seguiríamos siendo neardentales.. .
La consciencia ha evolucionado desde el primer homínido?… O entonces no la tenían?.
Dudo que tuvieran una consciencia como la de hoy en día , pero carente únicamente de conocimientos…
Volviendo a las emociones, el alimento, me parecen igual de buenas,para ser alimento de algo, que sean positivas o negativas… Una batalla o un festival de música, el sufrimiento o el placer, el odio o el amor, la frustración o la dicha…
Creo que casi siempre estamos alimentando al parásito… Y a su vez aprendiendo y creciendo.
Haciéndonos estás preguntas solo conseguimos ser pollos diferentes, pero pollos al fin y al cabo.
Respuesta extraña, verdad?… Quizás fruto del calor y la falta de sueño. O igual una idea inspirada por sueños olvidados al despertar.
Un fuerte abrazo, amigo, cuidate mucho!!
Lagartija Brava, me has regalado algo precioso con estas palabras.
La hipótesis de la consciencia como parásito extraterrestre tiene más capas de las que parece a primera vista. Te digo que para mí no es vieja, hace tiempo la había escuchado. Después pasó largo tiempo sin escuchar nada más y después la volví a encontrar hasta con más desarrollo, indudablemente no estaba olvidada.
Si partimos de esa imagen como partida —la consciencia como anisakis del cosmos— entonces somos, literalmente, un medio de transporte. El cuerpo, el vehículo. Las emociones, el combustible. Y nosotros, ese raro espacio intermedio donde el parásito experimenta el universo a través de sentidos de carne. Hay algo hermosamente perturbador en eso: no somos los dueños del barco, somos el barco. Y sin embargo, el barco tampoco existiría sin el navegante. Además no olvidemos el contexto de esa corriente de investigación que la hizo pública, no habla de guías, almas compañeras sino que apunta directamente a las cosmogonías a los mismos orígenes del universo que sería el nuestro.
Eso que planteas tiene mucha semejanza con tradiciones muy antiguas y muy distintas entre sí. Los gnósticos hablaban de chispas divinas atrapadas en materia densa. Los textos vedánticos describen al Atman como algo que «habita» pero al mismo tiempo que no «es» el cuerpo.
Te digo más, algunos chamanes siberianos entienden ciertos espíritus como entidades que se enlazan a los humanos para poder experimentar el mundo físico —cosa que ellos solos no pueden hacer—. Y en cosmologías africanas como la yoruba, hay partes del alma que llegan desde afuera, de reinos no visibles, y regresan a ellos al morir. Qué quiero decirte que es algo que viene de tiempos muy antiguos y que busca los mismos orígenes de todo nuestro exixtir.
Tu parásito, curiosamente, cuadra con todos ellos. Digo tu parásito como la hipótesis que compartes.
Pero me invita a ir más allá, porque lo que me parece más agudo de tu hipótesis es la pregunta por la evolución. Si la consciencia llegó desde afuera, ¿qué somos sin ella? Probablemente neandertales muy funcionales, sí. O quizás algo más: seres que sienten sin nombrar lo que sienten, que aman sin saber que aman, que mueren sin saber que mueren. Hay una belleza extraña en eso también. ¿No te parece?
Y luego está la pregunta del alimento. Aquí es donde tu hipótesis se pone filosóficamente jugosa. Dices que todas las emociones alimentan por igual —el festival y la batalla, el amor y el odio—. Yo creo que ahí tocas algo real. Hay entidades —las llames como quieras: arquetipos, demonios, egregores, parásitos— que no distinguen entre luz y sombra. Solo distinguen entre «intensidad» y «ausencia». Lo que les resulta indigesto no es el dolor ni la alegría. Es la quietud. El vacío. La ecuanimidad profunda del meditador que no produce corriente. Lo cual nos llevaría a un obligado replanteo: somos eslabones en una ncadena donde energías que no vemos se alimentan de «todas» nuestras emociones -oscuras o no- y por ello nos mantienen en esta suerte de granja para que generemos emociones, sin importar sean buenas o malas.
Quizás por eso todas las tradiciones contemplativas apuntan al mismo lugar: no hacia la felicidad, sino hacia la calma. No hacia el amor exaltado, sino hacia la presencia sin drama. Un maestro zen diría que en ese estado, el parásito se muere de hambre. Un chamán diría que así es como uno deja de ser presa.
Y aquí va mi única disidencia con tu cierre: dices que «hacerse estas preguntas solo nos hace pollos diferentes.» Pero yo creo —quizás ingenuamente— que el pollo que sabe que es pollo no es exactamente el mismo. No porque cambie la granja. Sino porque cambia algo en la manera de pisar el suelo.
Gracias por este regalo, amigo. Que el calor y el sueño roto te sigan inspirando así. Sin dudas tema difícil y un gran aporte nos has regalado. Gracias de corazón.
Un fuerte abrazo de viento a la distancia para ti 🤗
Difícil el tema de esta semana y voy a discrepar contigo, no creo sea un poco de todas sino más bien de ninguna.
Tú llegaste a la conclusión que estamos en una suerte de granja donde ni somos el final de una cadena sino tan solo un eslabón más y que otros que no vemos se alimentan de nuestro sufrimiento.
En ese mundo que es una celda somos libres, sim dudas total no importa lo que hacemos o hagamos si nadie sale ni nada cambia.
Y tenemos libre albedrío para elegir si deseamos el boleo con izquierda o derecha, si la tristeza vendrá del lado femenino o del masculino.
Yo hace rato no creo en nadie, antes sí lo hice y mucho; en Dios, algunos santos, la virgen y hasta en que tenía guías espirituales que me ayudaban y el tiempo y la misma vida se encargó de demostrarme que todo eso era una mierda. Estamos solos y de nosotros mismos nos valemos
Al mundo lo gobiernan seres insensibles, perversos, oscuros casi siniestros que sienten total desprecio e indiferencia por sus semejantes, ni siquiera sentimientos tienen.
Buen articulo, eso si, pero ¿sirve? Es decirle a quien está liado que lo estamos todos y digo, novedad entonces.
La culpa para nada es de ti. Mejor del destino ¿existe el destino? Debería ser así para al menos tener una fecha escrita para dejar la vida para la próxima vuelta.
O mejor se lo preguntamos a los guías espirituales así nos responden moviendo una hojita en la rama de un árbol rodeado de otros veinte mientras tiritamos de hambre, de dolor y de frío.
Vale que la veo moverse entonces. Estamos bien guiadas.
Te mando un abrazo , ya vez no es bueno estar mal, no tener trabajo y vivir en esta cárcel juntos jaja
Amelia, gracias por este comentario. En serio lo digo 🙏
No por educación ni por cumplido, sino porque escribir esto desde donde estás —sin trabajo, apretada, con el cuerpo y el alma cansados— requiere una honestidad que no todo el mundo se permite. Y no imaginas cuánto e llega.
No voy a rebatirte. No me parece el momento ni creo que sirva de nada.
Dices que ya no crees en nadie, que antes sí y la vida se encargó de demostrarte que era una mierda. Eso no es cinismo barato, Amelia. Eso es una persona que creyó de verdad, que abrió la mano, que esperó. Y que recibió silencio. O peor: indiferencia. El que nunca creyó en nada no puede perder esa fe. Solo la pierde quien la tuvo, quien la cuidó, quien la necesitó de verdad. Así que lo que compartes no es vacío espiritual. Es una herida espiritual. Y eso es completamente distinto.
Sobre los guías y la hojita moviéndose en la rama — un planteo que se repite más seguido de lo que nunca hubiese imaginado —. Tienes razón en algo que pocas personas se atreven a decir en voz alta: el lenguaje con que supuestamente se comunica esos seres de luz que no vemos pero nos acompañan, es absurdamente inútil cuando uno está temblando de hambre o de miedo. Una señal que exige calma para ser interpretada no sirve cuando la calma es el lujo que no tienes. Eso no lo voy a defender porque no tengo defensa posible. Es una incomodidad real que el mundo espiritual debería mirarse más en el espejo. Estoy absolutamente de acuerdo contigo en ello, un alma afligida por el sufrimiento no tiene manera de conseguir la calma y serenidad necesaria para entender mensajes en las sutilidades; los verá después, cuando ya esté más calma, cuando haya dejado atrás su crisis, seguramente sí y digo como lo dices tú: ¿sirve entonces?
Y es así, la granja de la que hablé en la publicación no es una respuesta reconfortante. Es apenas una explicación, una situación y las explicaciones, pueden servir como mapas pero no calientan ni dan de comer. Lo entiendo. Escribir sobre el destino desde la comodidad relativa de tener el estómago lleno y el techo seguro no es lo mismo que leerlo desde dentro de la tormenta. Así que esa crítica también me la quedo.
Lo que sí quiero decirte, sin pretender que sea un bálsamo mágico, es esto: la persona que escribe como escribiste tú hoy —con esa claridad, con ese humor filoso, con esa capacidad de ver tanto en medio de tanto— no es alguien que esté rota del todo. Partida, quizás. Magullada, seguro. Pero no rota.
No sé si eso ayuda. Probablemente no mucho. Pero es verdad.
Te mando un abrazo enorme, y ojalá algo cambie pronto en esa cárcel compartida. Que a veces cambia. A veces sí cambia. A la otra pregunta te a respondí por privado
Pienso tal cual, sin conocerte pienso como hablas, lo que dices y no coincido demasiado con la respuesta que te da el Sabio que apunta a más bien decir: tranquila está todo bien o va ir bien.
Mira, yo no soy pichona, te diré soy una cincuentona que bastante conoce de la vida espiritual y de buscar respuestas.
No quiero aburrir con mi vida espiritual pero sí contarte algo cuando caminaba aquellos albores del despertar interior.
La primera vez que accedí a mis registros akashicos fue por intermedio de una mujer muy avanzada en esas cosas y sabes que me dijo🤔
Tienes 3 guías espirituales, a ver… detrás hay dos más, pero todos están lejos, uno solo parece acercarse. Están distantes 🤯😵
Era re joven, jamás una diferencia o un reproche a ellos jamás, ni sabia de su existencia y ya…. estaban distantes y lejanos🤔😲
Me puso mal y triste en ese momento ahora no, ahora les digo bien claro: A TOMAR POR CULO CABRONAZOS😡😡
Que cuando me llegue la hora y si es verdad hay un más allá y un repaso de vida, los voy a dejar bien expuestos que han sido unos entes ausentes y distantes. Y Gratis😭
Muy valiente tu exposición 💪👏🙏🥰
Qué hermosa intervención Antonella — esa clase de voz que entra con la verdad en la mano.
Hay algo profundamente liberador en tu relato: la rabia limpia, sin culpa, de quien esperó mucho y decidió dejar de esperar. Eso diría antes que nada porque citas mi respuesta yo te doy la mía a ti.
Y párrafo aparte para tu honestidad y sinceridad, sin rodeos ni perfumes.
De mi parte te diré que no hay teoría en lo que contás; hay kilómetros recorridos, altares encendidos, noches buscando y, encima de todo eso, la noticia de que tus guías ya estaban lejos antes de que supieras que existían. Sin reproche previo. Sin pelea. Sin haberte alejado tú primero.
Eso tiene nombre, aunque no sea lindo: ausencia sin causa declarada. Y sí, duele más que un alejamiento con historia. Lo malo de ese tema es que ni tú ni yo tendremos respuesta, sólo ellos o tu yo superior podría explicarte razones y darte explicaciones.
Lo que describís en aquella primera lectura akáshica es uno de los misterios más incómodos de este camino — y de los más honestos también: que a veces llegamos a la vida espiritual y ya hay una deuda vieja, una distancia sin origen conocido. Como si el contrato viniera firmado con cláusulas que nadie te explicó.
¿Tenés razón en estar enojada? Completamente. La furia limpia — sin victimismo, sin derrumbe — es también una forma de amor propio. Y la tuya tiene ese tono: no llorás la ausencia, la nombrás y le decís lo que pensás. Eso es poder, hace mucho tiempo que ya no es herida.
Que hayas dicho que te parece liviana y con aspecto de palmada en la espalda mi respuesta su comentario… también es eso. No necesitabas que alguien te dijera «tranquila, va a estar bien». Necesitabas que alguien reconociera que tenés razón en sentirte mal con lo que pasó. Y en eso, te doy la razón sin vueltas.
Cuanto a tus guías — si existe ese más allá y ese repaso, ojalá tengas el micrófono encendido. Y ojalá estén obligados a escuchar. Esa escena me parece de una justicia poética hermosa.
Gracias por la valentía de venir acá con todo el fuego adentro. Eso también es espíritu. 🙏
Me encantó leerte 🙌🤗💫
Gracias bella por tus palabras y por comprenderlo así.
Sabes que no pienso el Sabio ofrezca respuestas livianas para que suene a bien, sino que siempre tiene una mirada muy positiva de todos los temas que comparte con nosotros.
Y con respecto a lo que dices de los guías es tristeza sin otra explicación, no pueden estar distantes de ti sin siquiera haaberlos conocido, que duro y triste eso que cuentas.
Y te diré que en este tema sin dudas él piensa como nosotras 😢
Besos linda y cuídate mucho 😘🥰
Sorry Sabio🙏
No puc sortir d’aquest merder 😭
Luciana, no hay nada que perdonar. Nada.
Y sí no entiendo mal el catalán — «no puedo salir de este follón» lo dice todo y a la vez no dice casi nada, y justo en ese espacio entre lo que se dice y lo que se calla vive lo más pesado, ¿verdad?
No voy a darte consejos ni corregir nada. Solo quiero preguntarte, de verdad y sin prisa: ¿estás bien? No bien como respuesta educada. Bien de verdad.
Aquí estoy. Abrazo de viento a la distancia 🤗
Amigo Sabio, nunca estuvo mejor descrita la realidad del mundo paralelo en el que todos caminamos nuestras vidas y también el mismo donde viven y operan los líderes del sistema. Como verás, si bien la lucha contra la Humanidad se desarrolla en el plano físico; guerras, genocidios, política, economía, eutanasia y maltusianismo, la verdadera confrontación tiene lugar en el plano
espiritual. Desconozco si hay o no una cadena alimenticia de la que seamos simplemente un eslabón más; la verdad que suena lógico y nos hace pegunta¿porqué no podría serlo? Demasiada ambición humana sentirnos el centro del universo, el tope de la cadena, hijos de Dios únicos y dueños y señores de todo cuánto existe.
Al margen de tiempos, cadenas de alimentos y destino, le corresponde a la humanidad actual decidir de qué lado está: si con la estirpe de Caín o con la de Abel. Allí si volvemos a tener libre albedrío y dudo que sepamos utilizarlo.
Hoy, nuevamente, la Reina de Saba, como alma de la humanidad, puede trascender o
ser vejada por segunda vez.
Excelente trabajo has hecho amigo y muy coherentes respuestas has dejado a todas las inquietudes
Todos hemos sido tremendamente cobardes, alguna vez en la vida, y hemos utilizado el velo del destino y la inutil asistencia de los llamados guías espirituales para esconder un mero no hacer nada.
Amigo Santiago, no te guardaste nada!!
Hay comentarios que llegan como lluvia de verano, y el tuyo es de esos. No salpica, empapa.
Hablas de algo que pocos se atreven a nombrar con tanta claridad, que la verdadera batalla no se libra en los parlamentos ni en los campos de guerra, sino en ese espacio sin coordenadas que algunos llaman alma y otros llaman conciencia. El plano físico es apenas el espejo donde se refleja lo que primero ocurrió adentro.
Y esa pregunta que lanzas al aire —¿por qué no podríamos ser simplemente un eslabón más?— es de las que deberían quitarnos el sueño y devolvernos la humildad. La arrogancia de creer que somos la cima de todo lo creado es quizás el error más antiguo y más caro que hemos cometido como especie. El universo no gira alrededor de nuestra soberbia, aunque a veces parezca que lo invitamos a hacerlo.
Lo de Caín y Abel resuena hondo. No como metáfora religiosa, sino como cartografía del alma humana: esa grieta primordial que existe dentro de cada uno de nosotros, no solo entre bandos del mundo. Elegir no es un acto que se hace una vez y se archiva. Se elige cada mañana, en cada silencio, en cada momento donde el miedo y el coraje se miran a los ojos.
Y luego ese último golpe tuyo, el más honesto de todos: que hemos usado el destino como almohada cómoda, y a los guías espirituales como cortina para no ver que simplemente no quisimos movernos. Eso duele porque es verdad. No la verdad del otro. La verdad nuestra, la que uno reconoce en la oscuridad cuando ya no queda excusa.
La Reina de Saba que mencionas… sí. El alma colectiva de la humanidad, siempre a punto de trascender, siempre tentada por la vejación. Y la diferencia entre una cosa y la otra no la decide el destino ni los astros: la decide ese instante quieto donde elegimos qué clase de seres queremos ser.
Gracias por escribir con tanta altura y tanta tierra al mismo tiempo. Eso es raro y muy valioso.
Querido Sabio Amigo:
Menudo tema para reflexionar en estos últimos días de mayo. Creo que todos, en mayor o menor medida nos hemos planteado esta cuestión. ¿Hay alguien o algo moviendo los hilos de mi vida? ¿Qué nos mueve a las personas a tomar decisiones tan distintas ante una misma situación? Ayer mismo lo hablé con mi hijo mayor mientras tomábamos un café. Él es muy joven aún y siente que ya debe tomar decisiones digamos que de «demasiado adulto». Pero las toma. Pide consejo u opinión, pero siempre tiene claro cuáles son las opciones y ha ido asentando aspectos de su vida de una forma bastante madura, en mi opinion. Yo por mi parte siempre me veo, a pesar de mis años, dando tumbos. Como que me cuesta asumir decisiones. Quizá por eso me dejó llevar hasta que algo en mi cabeza, o en mi alma, o en mi corazón hace «clic», y rompo. Y empiezo. Me cuesta romper, pero si lo pienso siento que una vez que lo hago, no miro atrás, no tengo sensación de perdida. Entiendo, como he leído que hay distintos caminos para llegar al mismo sitio. Al leer tu entrada lo he asociado a mi conversación de ayer. ¿Qué hace que una persona se pase toda la vida en el corral y otra necesite pasar más de media vida en el alambre del gallinero pensando si salir o no? Sin contar con las que deciden desde un primer momento saltar la valla. Es evidente que el medio en que nacemos influye, pero no de igual modo en todos. Por eso tu planteamiento es tan interesante porque nos hace reflexionar sobre qué está en nuestras manos y qué no. Lo a unos les rompe, a otros les hace más fuertes. No creo que encontrar la respuesta sea tan importante. La búsqueda de ella es lo que al final nos define porque nos ayuda a encontrarnos con nosotros mismos y vemos cosas que se otro modo pasarían desapercibidos.
Gracias por plantear esto temas de forma tan gráfica y asequible.
Abrazo de viento cálido desde aquí, Amigo Sabio.
Querida Keti, amiga querida 😃
Gracias por traer a este rincón tanto de ti. Eso que cuentas o compartes —esperar el clic antes de romper— no es debilidad ni demora; es, quizás, la forma en que tu alma se toma el tiempo necesario para estar segura. No todos los pájaros saltan del nido de la misma manera. Algunos necesitan sentir el viento antes de abrir las alas.
Me llega mucho la imagen que traes,que es la misma que venimos tratando desde la publicación; la del corral, el alambre, la valla. Porque en esa metáfora del gallinero hay algo más profundo que la simple pregunta sobre el destino. Hay toda una geografía del alma, de nuestro interior.
Hay miedos que se parecen a la prudencia y libertades que se disfrazan de imprudencia. Y hay, también, la asombrosa variedad del espíritu humano: uno que salta desde el primer día, otro que medita sobre el alambre media vida, y otro que nunca necesita moverse porque ha encontrado todo lo sagrado dentro del corral.
Lo que compartes sobre tu hijo mayor me habla de algo hermoso: que a veces los hijos nos enseñan a mirar nuestro propio camino desde otro ángulo. Él decide con una claridad que tú observas, quizás con ternura, quizás con algo de nostalgia por lo que no fue. Y sin embargo, tú has llegado donde has llegado. Cada tumbo que has tenido en tu vida, ha sido también un paso.
Y tienes razón en lo más importante de todo, que no es la respuesta lo que nos transforma. Es la pregunta vivida. La pregunta que se lleva consigo a desayunar, que se cuela en una conversación con un hijo tomando café. Esa pregunta ya es el camino andado.
Con gratitud por tu voz y tu compañía, yo también te dejo un gran abrazo de viento cálido de vuelta a la distancia 🤗💫