El Aura, ese manto de luz que te envuelve y te muestra tu esencia.
Hoy hablamos del aura; un tema que ya supimos tratar en publicaciones anteriores, pero esta vez le damos un enfoque diferente, lo bajamos a un nivel más práctico y sanador.
Existe una realidad que precede a toda palabra, a todo nombre: un campo de energía vital que envuelve a todo ser existente en nuestra naturaleza. Seres humanos, animales, plantas y hasta los minerales lo portan. Es el aura — ese manto luminoso, vibrante, que habla del alma antes de que la boca abra.
Todos lo tenemos. Todas las cosas lo tienen. Pero no todos pueden verlo: algunos lo sienten, perciben su calor o su peso sin poder nombrarlo; otros simplemente lo ignoran porque el mundo moderno nos educó a creer solo lo que los ojos ordinarios confirman.
La tecnología que comenzó a ver lo invisible
Las tecnologías han avanzado con pasos de gigante. Hoy tenemos cámaras que capturan el calor del cuerpo, que ven en la oscuridad más profunda, que registran frecuencias que el ojo desnudo jamás percibiría. Y entre todas ellas, las cámaras Kirlian — pocas aún, pero increíbles — logran fotografiar ese campo sutil que rodea a los seres vivos, dejando constancia de algo que la ciencia ortodoxa durante siglos prefirió ignorar.
La fotografía Kirlian, desarrollada en la Unión Soviética en los años 40, mostró coronas de luz alrededor de las manos, las plantas, incluso las semillas. Un fenómeno tan hermoso como perturbador para quienes necesitaban certezas materiales.
El aura de los santos — cuando el arte pintó la verdad
Miles de imágenes a lo largo de la historia muestran figuras humanas coronadas por un halo luminoso. Santos, maestros, monjes, chamanes: seres de intensa energía y extraordinario carisma, representados con esa aureola dorada sobre la cabeza. No es solo arte ni alegoría: es el registro visual de lo que quienes los rodeaban podían percibir.
En todas las épocas, en todos los continentes, en todas las tradiciones espirituales — el budismo, el hinduismo, el cristianismo, las culturas precolombinas — los seres más evolucionados aparecen envueltos en luz. Algunos incluso irradiando rayos desde ese centro luminoso. El artista no inventaba; el artista veía, o pintaba lo que otros habían visto y no podían olvidar.
El problema de lo invisible — la incredulidad como obstáculo
El aura siempre ha sido campo fértil para el debate. Muchas personas no solo no pueden verla: tampoco pueden sentirla. Y lo que no se siente ni se ve suele convertirse en blanco de escepticismo. Esa brecha ha dificultado profundamente el estudio serio de su composición y de los mecanismos por los que emerge.
Pero la incredulidad no es prueba de ausencia. El ultrasonido existe aunque no lo oigamos. El campo de un imán orienta aunque no lo percibamos. El aura existe aunque la mayoría no la vea.
¿Qué es el aura? Explicando lo sutil
Ese campo de energía es el reflejo de un conjunto de vibraciones y frecuencias que nacen en nuestro interior. A través de los chakras — esos vórtices energéticos que anclan el espíritu en la materia — fluye una corriente que se manifiesta como emisiones lumínicas en el espectro ultravioleta. Por eso el ojo común no las registra: están más allá del rango visible.
Existen personas que, por don innato o por una particular plasticidad en el cristalino del ojo, pueden percibir esas frecuencias. No es magia: podría ser una forma de sensibilidad biológica que en la mayoría permanece dormida pero no extinta.

El don de verla — y la posibilidad de aprenderlo
Hay personas que desde la infancia ven el aura sin saber lo que ven: los colores que rodean a las personas, los cambios en esos colores según el estado de ánimo, la oscuridad que a veces precede a la enfermedad. Con el tiempo aprenden a leer esa información con la misma naturalidad con que otros leen un rostro.
Pero el don puede cultivarse. El aura también puede aprenderse a ver, con paciencia, con práctica, con la voluntad de entrenar la mirada de maneras que no nos enseñaron en la escuela. No todos llegarán al mismo nivel de clarividencia, pero casi todos pueden alcanzar algo.
Y los animales — en especial los más sensibles, como los perros, los caballos, los gatos — también perciben el aura. Esa es la verdadera razón por la que un animal acepta o rechaza a una persona que nunca ha visto: no reacciona al nombre ni a la ropa ni a las palabras. Reacciona a la energía que irradia.
¿Para qué sirve verla?

El aura es un mapa. Un diagnóstico vivo. Cuando los chakras funcionan en armonía, emiten una luminosidad homogénea, de tonos suaves y limpios. El cuerpo canta. La mente descansa. El espíritu fluye.
Pero cuando algo falla — una enfermedad que aún no se ha manifestado físicamente, un conflicto emocional reprimido, un desequilibrio hormonal, un duelo no procesado — el aura lo muestra antes que ningún análisis clínico. Los colores oscurecen, aparecen manchas, zonas apagadas, bordes irregulares.
Procesos degenerativos, cánceres en estadios tempranos, infecciones latentes, crisis psíquicas: todo deja su huella en el campo áurico antes de volverse síntoma. Por eso quienes saben leer el aura no están jugando: están haciendo medicina preventiva del alma.
A nivel espiritual, el aura revela el grado de evolución interior: qué tan cerca o lejos vivimos de nuestra esencia más luminosa.
Los colores del aura y sus significados
El aura no es monocromática ni estática. Es una sinfonía de colores en movimiento constante, cada uno con su propio lenguaje, su propia frecuencia, su propio mensaje. Aprender a leerlos es aprender a entender el alma.
Los colores cálidos
■ Rojo: Energía vital, pasión, vitalidad física y fuerza de voluntad. En tonos brillantes indica poder creador y presencia plena en el mundo material. Cuando se oscurece o enrojece en manchas densas, puede señalar ira contenida, agresividad no procesada, o inflamaciones físicas en el cuerpo.
■ Naranja: Creatividad, alegría, sociabilidad y sexualidad integrada. Las personas con aura naranja vibrante suelen irradiar calidez y entusiasmo contagioso. Un naranja turbio puede indicar adicciones, baja autoestima o relaciones afectivas desequilibradas.
■ Amarillo: Inteligencia, claridad mental, optimismo. El amarillo dorado es el color del intelecto despierto y de quien aprende con placer. Amarillo pálido o amarronado puede hablar de miedo, inseguridad o agotamiento nervioso.
Del verde al violeta
■ Verde: Amor, sanación, equilibrio y crecimiento. Es el color de los grandes sanadores. Verde esmeralda limpio indica una persona que ama con generosidad genuina. Verde oscuro con manchas puede señalar envidias, celos o heridas del corazón no resueltas.
■ Azul: Comunicación, intuición, sensibilidad espiritual. El azul celeste rodea a quienes expresan su verdad con claridad y calma. Azul oscuro denso puede indicar melancolía, introversión excesiva o dificultades para comunicarse.
■ Índigo: Clarividencia, percepción extrasensorial, sabiduría profunda. Es el color del tercer ojo activo. Quienes lo portan suelen tener dones perceptivos y una conexión intuitiva poderosa con las dimensiones sutiles.
■ Violeta / Púrpura: Espiritualidad elevada, transformación, conexión con lo sagrado. Es el aura de los místicos, los maestros espirituales, los buscadores de verdad. Indica un alma en proceso consciente de evolución.
Los colores diferentes
■ Blanco / Plateado: Pureza, protección divina, unión con la fuente. El aura blanca resplandeciente es rara y poderosa: indica una conciencia muy evolucionada o momentos de gracia extraordinaria. Puede aparecer durante estados de meditación profunda o en personas cercanas a la transición final.
■ Dorado: Iluminación, sabiduría cósmica, bendición. El dorado es el color de los grandes maestros espirituales, el que las tradiciones artísticas pintaron alrededor de los santos. Indica conexión directa con la fuente de todo lo que es.
■ Rosa: Amor incondicional, ternura, compasión. Es el aura de quienes aman sin condiciones, sin expectativas. Rosa intenso y limpio habla de una persona centrada en el corazón. Rosa apagado puede indicar inmadurez emocional o heridas de infancia.
■ Marrón / Tierra: Conexión con la tierra, practicidad. En tonos cálidos puede indicar arraigo. En tonos oscuros y densos suele señalar bloqueos energéticos, resentimientos acumulados o desconexión del cuerpo.
■ Negro / Gris oscuro: Señal de alerta profunda. El negro en el aura indica absorción de energías negativas ajenas, trauma no resuelto, enfermedad grave o una sombra psíquica densa. El gris apagado suele rodear a personas que han perdido la chispa vital, ya sea por depresión, agotamiento extremo o desconexión espiritual.
Importante: ningún color es permanente ni bueno o malo en sí mismo. Siempre el aura es un proceso vivo, no una sentencia.
El aura es dinámica — y eso es una buena noticia
El aura cambia. Con los años, con la evolución personal, con los estados de ánimo, con la enfermedad, con el amor, con el duelo. Lo que mostraba tu campo energético a los veinte años no es lo que muestra hoy. Y lo que muestra hoy no es lo que mostrará cuando hayas trabajado lo que todavía tienes pendiente.
Eso significa que podemos cambiar el aura casi a voluntad, elevando nuestra vibración: con meditación, con amor propio, con el perdón que aún no hemos dado, con la alegría que aún no nos hemos permitido. No hay destino fijo en el campo áurico. Solo elección.
Cómo aprender a verla — un camino práctico

Todo comienza por sentir el propio campo energético. Y el ejercicio más simple para eso está en las palmas de tus manos.
Siéntate en un lugar tranquilo. Lleva las palmas una frente a la otra, separadas unos 30 centímetros. Permanece así tres minutos, con la atención puesta en lo que percibes. Luego acércalas suavemente hasta los 20 centímetros. Tres minutos más. Luego a 10. A 5. A 2. En algún punto de ese recorrido comenzarás a notar una suave presión, un ligero calor o cosquilleo, casi imperceptible al principio pero real: esa es la frontera de tu campo áurico.
El segundo ejercicio es visual. Coloca las manos frente a ti con una pared clara al fondo. En lugar de enfocar las manos, dirige la mirada hacia el horizonte, hacia el fondo, dejando las manos en el campo periférico, desenfocadas. Al cabo de unos segundos comenzarás a ver alrededor de ellas una especie de neblina o aureola transparente: es el doble etérico, la capa más densa y visible del aura.
Ese mismo procedimiento funciona con árboles, plantas, animales. La práctica constante convierte lo excepcional en cotidiano: con el tiempo podrás ver el aura de personas en movimiento, en espacios concurridos, sin necesidad de condiciones especiales.
El truco de los espacios amplios
Los grandes espacios interiores — aeropuertos, terminales de buses, estaciones de tren — con su iluminación indirecta y la densa presencia humana, son laboratorios naturales para quien practica la lectura del aura. Sin luz solar directa y con mucha práctica del desenfoque, descubrirás que es asombrosamente sencillo: verás aflicciones, personas consumidas por el odio o la tristeza, personas enfermas que aún no lo saben, personas enamoradas que irradian color.
Y aprenderás a reconocer algo perturbador: los portales orgánicos, seres humanos de apariencia ordinaria que carecen de campo áurico propio. Solo los envuelve un velo grisáceo y algunos colores fríos. No hay brillo, no hay movimiento, no hay vida interior radiante. Es una de las experiencias más sobrias que puede tener quien aprende a ver.
A modo de conclusión — ver para ser
No se trata de jugar. No se trata de impresionar a nadie ni de ganar poderes especiales. Se trata de ver — verdaderamente ver — para trabajar lo que la visión muestra. Saber cuándo nuestra vibración está baja y por qué. Para reconocer las desarmonías antes de que se vuelvan enfermedad. Honrar el cuerpo de luz que somos, más allá del cuerpo de carne que creemos ser.
Si somos conscientes de las ventajas que conlleva mantener nuestra aura en óptimas condiciones y dedicamos algo de cuidado a ese campo invisible, obtendremos una mejor calidad de vida — en lo personal, en lo relacional, en lo espiritual. Y algo más: al elevar nuestra propia energía, contribuimos también a elevar la energía colectiva. Porque el aura no termina donde termina la piel. Se extiende. También se contagia. Se suma.
Cada ser que vibra en armonía es un sol pequeño en la oscuridad compartida.

Feliz Vida 😊
Las fotos están en su rinconcito 📷

Me alegro de leerte, compañero del camino, mientras disfruto de un matcha.
Me ha llamado la atención como relacionas este tema con las auras qué reflejaban los maestros de la pintura en sus lienzos. Cómo hablas de la forma de mirar, para poder llegar a ver el aura, un mirar diferente… Como también, hacían los impresionistas para ver múltiples matices de color en las sombras. Ellos también miraban diferente, desenfocando y no mirando directamente al punto de interes, para de esa forma, por » el rabillo del ojo» ver esos matices que al mirar directamente, el ojo neutraliza y vuelve plano.
Formas de mirar un mundo, que el resto de los mortales, no ha aprendido a observar.
En tus escritos y fotos, ya se aprecia tú mirada artística, por ello, creo que te gustará mi pequeña apreciación.
Ya volviendo, al tema de hoy, decirte que coincido contigo. La correcta vibración, algo prácticamente imposible, proyecta un aura perfecta y qué solo puede ser observada por alguien que posea una vibración, a su vez muy elevada…
Elevada vibración= alta sensibilidad y grandes capacidades de percepción.
Algo muy complejo, no?… Algun@ habrá.
Como será mi aura? … Es algo, qué en verdad, me intriga.
A veces será como un Monet y otras como un Zuloaga… Jaja.
Ya se empieza a echar de menos, esa visión poética que hay en tus Letras.
Qué tengas un magnífico día maestro.
Un gran abrazo!!
Cuidate mucho.
Lagartija Brava, qué alegría leerte y tenerte por estos pagos con tu matcha y esa mirada que ya lleva mucho camino andado.
Tu apreciación sobre los impresionistas me parece muy interesante. Sí, exactamente eso: Monet no miraba hacia el nenúfar, miraba alrededor de él. Desenfocaba para que el color verdadero —ese que la luz teje y el ojo educado aplana— pudiera aparecer.
Creo que todos o la mayoría de los pintores de ese tiempo sabían algo que la ciencia tardaría en encontrar, que la visión periférica captura lo que la fovea domestica. El «rabillo del ojo» no es descuido, es otra forma de conocimiento. Una más honesta, quizás.
Por eso también quien intenta ver el aura aprende a no mirar al ser, sino al espacio que lo habita, a ese borde donde termina la piel y empieza el misterio.
Que decirte, que me gustó mucho que lo hayas traído a cuadro, porque es una de esas conexiones que parecen casuales y no lo son, el artista que ve y el sensitivo que percibe usan el mismo músculo. La apertura. La rendición del control de la mirada.
Sobre tu pregunta —¿cómo será mi aura?— ya respondiste tú mismo con elegancia; a veces como un Monet, a veces como un Zuloaga. Y eso, mi querido Lagartija, es más que una metáfora. Es cartografía del alma.
Monet era luz difusa, vibración pura, impresión antes que contorno. Zuloaga era tierra, sombra española, drama encarnado. Que tu aura oscile entre ambos dice que eres alguien que tiene la profundidad de las sombras y la capacidad de la luz. No hay aura más interesante que esa.
Y ya que llevas curiosidad en el morral, agárrate bien las crines, porque la semana que viene el camino tiene curvas pronunciadas ja. Este tema del aura ha sido apenas el escalón, el umbral. Lo que sigue habla de algo más oscuro y fascinante: los que vacían el alma ajena para ocupar ese espacio. Ladrones de almas, les llaman algunas tradiciones. Vampiros energéticos les dicen otros. Pero la palabra más precisa quizás sea más inquietante todavía.
Nos vemos en la curva.
Un abrazo grande, de viento a la distancia caminante de buen ojo y mejor palabra 🤗🦎
El Aura, un arcoíris cambiante.. como la vida.
En ocasiones, pienso que cuando mi Alma, tuvo la brillante idea de volver a encarnar, lo hizo con prisas y a medio hacer.
Posiblemente, le respondí que ni hablar. Que regresar una vez mas a la Tierra, no me parecía una buena idea. Pero ella, seguramente mas optimista y aventurera que yo, debió insistir.
«Sin miedo campeón, que lo harás muy bien» -o algo parecido, debió decirme-, y de algún modo.. me deje convencer.
Una vez aquí y durante el transcurso de la vida, el único sentido que desarrolle -y quizás tampoco mucho-, fue el sentido común.
Hace años, yo trabajaba felizmente en una ONG, como captador de socios en la calle. Y fue debido a esa labor callejera -que duro casi una década-, donde tuve la gran oportunidad de conocer a muchos cientos de personas, tan anónimas como yo.
Algunas de esas personas, tenían ciertas capacidades..
En varias ocasiones, conocí a personas que tenían el don de percibir y conectar con desencarnados. Alguna que otra, recibía también canalizaciones. Y entre otras experiencias, también recuerdo a una mujer, que me hablo del Aura que decía ver en mi.
Por mi parte, yo no tuve ningún don especial. Ni antes, ni ahora. Aunque de hace ya un tiempo, quizás si estoy desarrollando una personal capacidad; el pesimismo.
Pero no pasa nada, seguimos adelante..
Y ya para finalizar Sabio, me parecen muy interesantes las definiciones que ofreces sobre los colores del Aura, -lo desconocía por completo-. Así como las dos practicas que describes. En algún momento y con calma, las probaré. Aunque lo mas normal en mi caso, seria el no percibir resultado.
¿A ver si voy a ser un portal orgánico?.. que tal y como esta este mundo, ya poco o casi nada, me sorprendería..
Un abrazo
Barón Rojo, qué increíble tu comentario… aunque a simple lectura pareciera tener esa levedad de quien dice «no pasa nada» y sin embargo deja caer algo que pesa exactamente lo justo.
Me detuve a pensar con ese diálogo imaginado que convenció a las apuradas —»sin miedo, campeón»— porque hay una verdad extraña ahí dentro. Las almas que más han visto, a veces son las que negocian más duro antes de volver. Y las que terminan aceptando… quizás son las más valientes, aunque ellas mismas no lo crean.
Mencionás el pesimismo como si fuera una falla del sistema. Yo lo miro diferente. Hay un tipo de pesimismo que no es oscuridad, sino honestidad hasta quizás de la más pura. El que no se engaña con promesas fáciles. El que ha mirado a los ojos a demasiada gente anónima en la calle —casi una década, nada menos— y aprendió a leer lo que hay detrás de los rostros.
Eso a mi modo de ver, no es pesimismo. Eso es una forma de clarividencia que pocos tienen.
Y en cuanto a lo del portal orgánico… ¿sabés qué? Voy a disentir contigo, Un portal ni queriendo vibra como lo hace un alma y justamente las almas más interesantes son las que brillan sin llamar la atención pero también sin pedir permiso. Son las que preguntan, las que escuchan, las que han estado presentes cuando otro ser necesitó que alguien lo viera. Eso hacías en la calle. Sin don especial declarado. Con el único don que, al final, importa: la presencia real.
Además, voy a cometarte algo que me dejó pensando mucho. Una lectora -que antes comentaba muchísimo-, hoy de alguna manera respondió exactamente lo mismo que tú, pero lo hizo por correo y quizás la única diferencia -y vaya diferencia-, es que tal como te digo, leo una mirada positiva en tus palabras y esta lectora justamente lo contrario.
Qué diferencia; ella dijo que antes de encarnar y aceptar hacerlo, seguramente su alma debió haber estado borracha o drogada para no decir que no y aceptar su plan de vida -vaya acotación- Increíble y no creo en la casualidad.
Probá las prácticas cuando quieras, o no las pruebes nunca. El aura no necesita que la veas para existir. Y la tuya, a juzgar por lo que escribís, debe tener colores que harían quedarse callada a más de una.
Un abrazo de viento de vuelta a la distancia, campeón.
Que lindo tema y además muy lindo el enfoque que le has dado.
Pienso que el aura es algo que no admite discusión, está. La tenemos. Podemos verla o no pero no se puede negar.
Las tenemos todos los seres vivos y muy diferente a lo que hay o debería haber más allá.
Guías, parte divina, seres que en teoría nos cuidan son pura chingada, cuentos que nos han hecho tomar como propios hace tiempo y que para bien o para mal cuando se los busca o necesitan nunca están o responden con chingadas que nadie ve ni entiende. Parolas diría mi abuela 😀
Veo y creo, no veo y me chupa un huevo decía mi abuelo 🤭
Alguien podría hablar alguna vez de los portales que hay en la naturaleza, que son, a donde llevan y quienes los conocen. Buen tema y podrías ser tú quien lo hable 😉
😘👋💯🧡
Marianella, qué alegría que hayas llegado hasta aquí y que el tema te haya resonado así, desde adentro.
Tenés razón, y lo decís con mucha claridad, el aura está. No es un tema de fe ni de debate, es energía que pulsa, que existe, que algunos perciben con los ojos y otros con algo más sutil, pero que ninguna lógica honesta puede negar del todo. Los seres vivos la portamos como portamos el aliento, sin pedirle permiso a nadie.
Y en cuanto a guías, intermediarios y seres de luz que nunca aparecen cuando se los llama… bueno, tus abuelos tenían una sabiduría directa y sin rodeos que vale más que muchos tratados esotéricos.
Hay una honestidad en ese «veo y creo, no veo y me chupa un huevo» que es casi filosófica 🤣
No todo lo que se nos ha enseñado a esperar afuera existe de la manera en que nos lo contaron. A veces la única guía real somos nosotros mismos caminando, tanteando la oscuridad con los pies descalzos.
Los portales en la naturaleza… ahí sí que abriste una puerta. Es un tema que tiene raíces en casi todas las tradiciones del mundo, desde los pueblos originarios hasta las cosmologías celtas, desde los chamanes de la selva hasta los viejos que conocen los cerros por su nombre. Lo anotamos con todas las letras, y quién sabe, quizás sea uno de esos temas que vienen solos cuando es el momento.
Gracias por tu energía, por tus abuelos y por ese corazón naranja que cierra el comentario tan bien. 🧡
Querido Amigo Sabio.
Que fácil planteas desde tu sabiduría este tema: el aura. Nunca he dudado de su existencia, porque creo que somos energía. Distinta energía cada cual. Evidentemente, tampoco he sido capaz nunca de percibir visualmente esa energía, ese aura que cada uno desprende. Sí es cierto que siento como ciertas personas, cuando estoy cerca de ellas pueden provocarme distintas sensaciones que, en muchos casos no tienen nada que ver con algo físico que se pueda percibir por los sentidos. Imagino que debe estar relacionado con el tema que has tocado hoy. A veces me da rabia porque hay situaciones, personas más bien que sin una explicación lógica, provocan una reacción negativa en mi. A veces me riño yo sola y me digo que debo intentar el acercamiento, pero hay un rechazo, casi físico a veces. Del mismo modo sucede lo contrario. Seres con los que a simple vista no tienes nada en común y te hacen sentir bien, en casa. También los hay así, por fortuna.
Gracias por acercarte cada semana por aquí, Amigo mío. No siempre comento, pero te leo y eso me hace sentir cerca tu aura amigable y reconfortante.
Abrazo infinito desde este ya demasiado cálido rincón del mundo.
Querida Keti 😃😃
Siempre vienes con ese regalo de la palabra exacta, la que no adorna sino que ilumina.
Y cuánta verdad en lo que describes — ese rechazo casi físico ante ciertas presencias, esa incomodidad que no tiene nombre lógico pero que el cuerpo registra con una manera que asombra y que incluso a veces nos desconcierta. No es capricho, no es antipatía sino más bien fundamento.
Es el campo energético hablando antes que la mente despierte.
Por otro lado, el aura no necesita ser vista para ser sentida; la piel lo sabe, el pecho lo sabe, a veces hasta la respiración cambia sin que sepamos bien por qué.
Esas piedras en el camino — como bien las llamas, y con razón se te revuelve algo por dentro — son presencias cuya frecuencia vibra en una dirección tan distinta a la tuya que el encuentro no puede ser fluido. No hay culpa ahí, ni en ellas ni en ti. Hay simplemente una disonancia, como dos notas que no quieren resonar juntas. Y el cuerpo, sabio y honesto, lo dice. Escúchalo. No hace falta cruzar ese puente cada vez.
Y lo contrario — esos seres con quienes llegas y ya estás en casa sin haber cruzado más que un saludo — eso es el reconocimiento del alma. Auras que ya se conocen de alguna manera que la cronología no explica.
Gracias por leerme en el silencio, y gracias por aparecer cuando el corazón te lo pide. Eso también es energía — la más pura.
Abrazo de viento desde este rincón que espera frescura, hacia ese tuyo que ya siente demasiado calor 🤗💫