EL ALMA ANIMAL CHAMANISMO Y EL GRAN VIAJE

Hoy vamos a hablar del alma animal en eso que llamamos el gran viaje del alma. Animales, chamanismo y la vida que no termina o que continua más allá de la muerte.

Poca gente lo sabe, pero entre las consultas más frecuentes que un chamán escucha en cuanto a heridas del alma, la que dejan los animales queridos cuando parten de este plano es una de las que cuesta sanar y son de las más difíciles. No porque el dolor sea distinto al que deja la partida de un humano. Sino porque a ese dolor se le suma otro, silencioso, que lo esconde. El dolor del no hablar de él. Temor a ser visto como raro. A que quien escucha piense diferente al lugar que deberían ocupar los animales en nuestras vidas.

Vivimos en una época que aún no termina de aceptar del todo lo que el corazón ya sabe desde siempre. Que el vínculo con un animal puede ser tan profundo, tan real y tan sagrado como cualquier otro. Y si a eso sumamos que sus vidas son breves comparadas con las nuestras, la herida se repite, se multiplica. Y con cada partida volvemos a aprender —a fuerza de lágrimas— una lección que la sociedad todavía no valida como corresponde. Que despedir a un animal amado es despedir a un alma.


Una gran verdad

El plano espiritual no es exclusivo del ser humano. Cada criatura dotada de afecto, instinto y vínculo genuino carga consigo una chispa de lo divino. Además cuando esa conciencia vibra en amor, se eleva, se expande, se perpetúa. Los animales no solo sienten. Tambiéb aprenden con el amor que reciben. Muchos desarrollan lazos tan profundos con sus tutores que sus conciencias pasan a vibrar en una sintonía que se aproxima a la humana.

Por eso sus espíritus pueden continuar su evolución en planos sutiles, muchas veces permaneciendo cerca de aquellos con quienes vivieron. Nada que ama verdaderamente se pierde. El amor es la moneda que mueve el universo entero.

Alguna vez hablamos por estos rincones digitales que los animales son expresiones específicas de energía espiritual, parte de la gran unidad divina, y que vienen de planos muy superiores. Algunos vuelven a la materia diversas veces para servir, proteger o curar. Otros siguen su evolución en dimensiones donde permanecen conectados a quienes amaron en la tierra. Esa perspectiva amplía el sentido de la espiritualidad. Ya no se trata solo de salvación humana, sino de una armonía cósmica donde todo ser tiene un papel, un propósito y una continuación. Los animales, entonces, no son solo creaciones, sino coviajeros en nuestra larga travesía por el tiempo y por el alma.

La herida que nadie nombra

Hay un tipo particular de duelo que la psicología moderna llama «duelo desautorizado». Es aquel que la sociedad no reconoce como legítimo. Por eso mismo, la persona que lo atraviesa no se anima a mostrar en toda su magnitud. El duelo por un animal suele caer en esa categoría. Se espera que uno «lo supere rápido», que «era solo un animal», que hay dolores «más importantes» reservados para las pérdidas humanas.

Pero quien ha dormido durante años al lado del mismo cuerpo tibio, quien fue recibido cada día con la misma alegría incondicional, quien encontró en esos ojos una comprensión que ningún discurso humano pudo ofrecerle, sabe que ese vínculo no admite jerarquías. El alma no pregunta de qué especie es el cuerpo que la alberga antes de amar.

Mencionar esta herida, permitirse llorarla sin pedir disculpas, es ya un acto de sanación. Y reconocer que del otro lado de esa pérdida hay un espíritu que continúa. No se disuelve en la nada, es quizás el bálsamo más profundo que la espiritualidad puede ofrecer a quien atraviesa este duelo.

alma


Las preguntas necesarias

Que un chamán lo sepa o lo sienta no lo excusa de responder a su comunidad las dudas que se envuelven en preguntas. La gran pregunta que se repite es si los animales tienen alma, ¿reencarnan?

La respuesta, según ellos mismos han dado a diversos chamanes en muchos viajes chamánicos, es sí. Pero de manera diferente al alma humana. Los animales evolucionan como grupo, en conciencia colectiva, hasta alcanzar ciertos niveles de individualidad. Cuando ese estadio es alcanzado, el alma animal puede comenzar a tener experiencias únicas volcadas al afecto, a la lealtad y a la cura. Muchos vuelven a los mismos hogares, a las mismas personas, cumpliendo funciones espirituales silenciosas. Viajan como parte de una misma familia de almas. 👉Dejo acá la publicación donde hablamos de eso 👈

Porque algo que nunca debemos olvidar es que los animales no son simples compañeros terrenales. Son partes vivas del mismo plano divino que nos creó. Y no solo como apoyo físico o emocional, sino como verdaderos espejos del alma. Un perro que permanece al lado de su dueño en tiempos difíciles, o un gato que presiente la tristeza y se acuesta sobre el pecho de quien sufre, no estaría solo siguiendo el instinto. Estaría respondiendo a una vibración espiritual, a una misión silenciosa.


El amor antes que la elección

Mientras los humanos desarrollamos el libre albedrío. —al menos para muchas de nuestras decisiones— Los animales son movidos por la pureza de la entrega. Eso los coloca muchas veces en posiciones de proximidad con lo divino.

Al amar sin esperar nada a cambio, al perdonar con facilidad, al permanecer fieles incluso frente al abandono. Ellos se tornan símbolos vivos de aquello que nosotros, humanos, aún luchamos por conquistar. El amor es el verdadero idioma del alma. Y ellos lo hablan con una fluidez que a nosotros nos toma una vida entera aprender.


Un alma grupal y nuestra alma individual

Si consideramos la lógica espiritual, el alma no se define por la complejidad mental, sino por la capacidad de amar. Eso cambia todo, porque nos lleva a percibir que la esencia del alma es vibracional, no intelectual. Que un animal que nos mira con ternura, que permanece en silencio cuando lloramos o que se alegra intensamente con nuestra presencia, está ejerciendo su alma en pleno brillo.

Muchas veces el error humano es juzgar el valor de un espíritu por la forma que asume. En vez de observar lo que él ofrece al mundo. Y si un animal ofrece consuelo, lealtad, compasión y alegría, está participando de la misma jornada espiritual que recorremos, tal vez de forma más pura, más directa, más verdadera.


El animal sagrado en todos los caminos de la Tierra

alma

Esta verdad no nació con el chamanismo occidentalizado que hoy conocemos. Recorre todos los pueblos y todas las épocas, como si la humanidad entera hubiera coincidido, sin ponerse de acuerdo, en una misma intuición.

Los pueblos andinos hablan de los apus y de los animales como mensajeros entre los mundos.

El cóndor que une el mundo de arriba con el de aquí. El puma que custodia la fuerza de la tierra. La serpiente que enseña la transformación.

Para el pueblo lakota, el búfalo no era solo sustento, sino pariente, Tatanka, portador de una sabiduría que se honraba antes y después de cada encuentro. Los aborígenes australianos, en el Tiempo del Sueño, entienden que cada animal es la huella viva de un ancestro que tomó esa forma para seguir caminando entre nosotros. En el antiguo Egipto, los dioses mismos elegían cuerpos de animales —Anubis, Bastet, Thot— porque se entendía que ciertas cualidades del espíritu solo podían expresarse plenamente a través de ellos.

El budismo, por su parte, incluye a los animales dentro de la misma rueda del samsara que recorremos los humanos, reconociéndoles conciencia, sufrimiento y la posibilidad de avanzar hacia estados de mayor liberación. Y el animismo, presente en tantas culturas originarias de América, África y Oceanía, parte de una premisa simple y hermosa. Todo lo que vive tiene espíritu, y el espíritu no distingue entre las formas que habita.

Que tradiciones tan distantes entre sí, sin contacto ni influencia mutua, hayan llegado a la misma conclusión no es casualidad. Es, tal vez, el eco de una verdad demasiado grande para caber en una sola cultura.


Gatos y perros: los que esperan del otro lado

Hay algo profundamente conmovedor en imaginar que nuestros animales domésticos no solo nos acompañan en la tierra, sino que también nos aguardan en otros planos. El plano espiritual está tejido por afinidades, y las almas se reúnen de acuerdo con sus lazos vibracionales.

Así, cuando alguien parte, es guiado no solo por ángeles o guías espirituales, sino también por presencias que le fueron queridas, incluso animales. Ese reencuentro, descrito por algunos en experiencias cercanas a la muerte y por viajes chamánicos, aparece como una recepción serena, donde perros, gatos e incluso caballos que marcaron su vida vienen al encuentro del alma.

Después de todo, el amor verdadero atrae, y donde hay amor, hay vida, incluso más allá de la vida.


La mirada sagrada de la vida

alma

Para el chamanismo, todo tiene un espíritu que lo habita. Lo tienen los animales, los lugares, las plantas. Eso transforma la relación de la vida misma. Ya no es dueño y mascota; es alma y alma en una sociedad sagrada.

Hay quien dirá que todo esto es fantasía, que los animales no tienen alma porque no hablan, no crean arte, no filosofan.

Pero el error de la humanidad es juzgar el alma por la mente y no por el corazón.

¿Cuántas veces un perro fue más leal que un amigo?

¿Un gato, cuántas veces enjugó lágrimas que nadie más percibió?

¿Cuántas veces un pájaro cantó exactamente en el momento en que alguien necesitaba consuelo?

El alma se manifiesta en el gesto, y si ella se muestra en el afecto, entonces existe. La espiritualidad no excluye. Incluye, abraza. Y los animales, con su simplicidad luminosa, son puentes entre lo visible y lo invisible.


Honrar lo que partió

Los pueblos que nunca perdieron esta conexión nos dejaron también sus formas de honrar a los animales que se van, y hoy, quien atraviesa esta pérdida puede recurrir a gestos simples pero poderosos. Encender una vela en su nombre, guardar un objeto que le perteneció como ancla de memoria, hablarle en voz alta como si aún escuchara —porque, en un sentido muy real, escucha—, o simplemente permitirse sentir su presencia en los pequeños signos que la vida ofrece. Una pluma en el camino, un sueño vívido, una calidez inexplicable en el pecho.

No hace falta un ritual elaborado. Hace falta, sobre todo, permiso interior para seguir amando a quien ya no está en el cuerpo, sabiendo que ese amor sigue teniendo destinatario.


Un ciclo interminable

Cuando miramos hacia atrás y sentimos nostalgia, estamos sintonizando con esta melodía. Y también con su sabiduría serena, que nos recuerda. Si amaste profundamente a un animal y él también te amó, entonces ese amor aún vive. Está ahí, a tu alrededor, esperando un momento de paz para manifestarse, tal vez en un sueño, tal vez en una brisa, tal vez en un nuevo encuentro, pero siempre con la misma promesa silenciosa.


A modo de conclusión

En mis propios viajes he sentido más de una vez la presencia de animales que ya no caminan sobre esta tierra. Los he sentido acompañándome en el mundo inferior, guiándome con una certeza que ninguna palabra humana podría igualar. Y cada vez que eso sucede, comprendo un poco más profundamente lo que trato de compartir en estas líneas. Que el amor no reconoce fronteras de especie, y la muerte no es capaz de deshacer lo que el corazón tejió con paciencia y ternura.

Si hoy cargás la ausencia de un animal que amaste, quiero decirte, desde mi propia vivencia, que no estás exagerando ni estás solo en algo que nadie más entendería. Ese vínculo fue real, esa alma fue real, y ese amor —el idioma más antiguo que existe— sigue, de alguna forma, encontrando el camino de regreso hacia vos.


alma

Feliz Vida 😊

Las fotos están en su rinconcito 📷

8 comentarios en “EL ALMA ANIMAL CHAMANISMO Y EL GRAN VIAJE”

  1. Me alegro de leerte, como siempre, amigo mio.
    Has escrito un bonito post , aunque es un tema en el que puedo aportar poco. Soy bastante ignorante en el mundo animal y en el de las mascotas en particular.
    Entiendo las situaciones de perdida de un animal de compañía, tiene que ser duro e inolvidable, como no podría ser de otra forma, teniendo un mínimo de sensibilidad.
    Pero me pilla lejos esa experiencia.

    Un abrazo con mucho cariño, amigo Sabio.

    1. Lagartija Brava 😃

      Qué hermoso es cuando alguien se acerca a un tema con la honestidad que tú traes hoy. No hace falta haber caminado junto a un animal para reconocer, con esa sensibilidad que mencionas, el peso de una despedida. Eso ya dice mucho de tu alma.

      El alma animal no pide que la entendamos desde la experiencia directa, sino desde ese lugar más antiguo que todos compartimos: la capacidad de sentir la pérdida como una forma de amor que se transforma, no que se termina. Los pueblos originarios nos enseñaron que cada ser —de dos, cuatro patas, alas o raíces— lleva su propia chispa del gran misterio, y que acompañarlo en su viaje, aunque sea desde la distancia de no haber tenido esa vivencia, es también una manera de honrarlo.

      Así que no te pilla tan lejos como crees, amigo. Basta con haber sentido alguna vez que algo querido se va, para comprender el idioma silencioso que hablan quienes aman a un animal. Caminamos por el mismo sendero, aunque los paisajes que hayamos recorrido sean distintos.

      Un abrazo grande de vuelta, con el cariño de siempre. 🙏

  2. He leído ambas publicaciones, porque en realidad son dos. La de ahora y otra que hiciste antes y tiene que ver con esta. No son lo mismo pero giran en lo mismo.
    Creo que no es así, que perros y gatos no son ni ángeles ni amor tan puro, simplemente han ocupado un lugar que antes nunca tuvieron.
    La sociedad cambió, el ser humano cambió y por eso perros y gatos avanzaron a un lugar en ese cambio que antes nunca tuvieron.
    Si te fijas, antes los perros simplemente fueron animales de trabajo y compañía, no luz ni amor, hasta los perros cazadores con los que nuestro mundo conquistó el mundo americano reciente, eran verdaderas maquinas de guerra. ¿Amor? Los de los extraños ojos amarillos, ¿recuerdas?
    Entre ellos se celan y se dan caña como los mejores y si tienes varios, mima uno y a los otros no, vas a ver como le dan caña al mimado ¿amor?
    Los gatos ni hablar, son uno vivillos independientes que realmente les importa un bledo lo que nosotros sentimos. Es el mejor ejemplo de independencia y del interés puesto a su servicio. Comen, están si quieren y a darse caña en los techos ¿amor?
    Personalmente pienso que el ser humano tiene que ver con todo eso, ya casi no tienen hijos, entonces esa necesidad de amor se ha llenado con perros y gatos.
    La sociedad es diferente, ahora hay mucha vida sexual, en muchas variedades que antes no y muy poca vida afectiva profunda y creo eso lo explica mucho aunque no todo, claro está
    Tú sigue escribiendo que tienes algo que ya casi no se encuentra, generosidad, voluntad de compartir y saber. Eso se valora y agradece. Pero ya ves, hay temas que coinciden los pensamientos y otros no 😔
    Te doy mi afecto escritor 🥰

    1. Norita 😃

      Qué regalo leer un comentario con tanta honestidad, diciendo lo que piensas aunque no coincida del todo con lo que he escrito. Eso también es una forma de sumar, y la recibo así.

      Tienes razón en algo que dices, en que la sociedad cambió, y ese cambio dejó espacios vacíos que antes se llenaban de otra manera. Ahí donde antes había una cuna, hoy muchas veces hay una manta de perro. Eso no lo niego, y creo que ves con lucidez algo que a muchos les cuesta nombrar. Quizás la sociedad ha cambiado tanto que hasta nos hemos acostumbrado a verlo como algo nortmal.

      Donde caminamos por sendas distintas es en la pregunta de fondo, que si ese lugar nuevo que ocupan perros y gatos lo llenan solo porque nosotros lo necesitábamos, o si también ellos, a su manera, tienen algo propio para ofrecer en ese encuentro. No te voy a decir que un perro ama como ama un ser humano, con toda su complejidad y contradicción. Tienes razón en que hay instinto, jerarquía, celos, necesidad de territorio. Eso es innegable y sería deshonesto no verlo. Un perro que le gruñe a otro por unas caricias no está actuando desde la pureza, sino desde algo mucho más antiguo y animal. Son cosas diferentes.

      Pero ahí es donde yo distinguiría dos hilos que conviven sin anularse, una cosa es el instinto —territorial, jerárquico, de supervivencia— y otra distinta es esa chispa de conciencia que muchos sentimos cuando un animal nos elige quedarse quieto a nuestro lado sin pedir nada. No hace falta que sea «amor puro» para que sea real. El instinto no invalida la conexión, simplemente la acompaña, como en nosotros mismos convive lo más elevado con lo más terrenal.

      Sobre los perros de guerra que mencionas, ahí no hay discusión, te aseguro que no sería yo quien te lo niegue o discuta; fueron herramientas, y el ser humano los hizo así. Eso habla de nosotros, no necesariamente de ellos.

      Lo que sí creo, y ahí quizás nos encontremos de nuevo, es que la falta de vida afectiva profunda que mencionas es real, y que en ese vacío buscamos consuelo donde podamos encontrarlo, sea en un hijo, en una pareja, o en un animal que nos mira sin juzgar. Quizás el verdadero tema no es si los perros tienen alma, sino qué nos dice de nosotros que necesitemos tanto que la tengan.

      Gracias por pensar conmigo, aunque sea desde la vereda de enfrente. Eso también es caminar juntos.

      Con todo mi afecto, de vuelta. Un gran abrazo de viento a la distancia 🤗

  3. Interesante publicación y buena información para quienes no sabíamos de la razón de porque los perros y gatos son tan parte de nuestra vida 😁
    Me viene a mente una pregunta y es que el tiempo solamente existe en esta dimensión o realidad, si salimos al astral ya deja de existir y entonces es parte de nuestra percepción o de como vamos formando nuestra realidad en esa suerte de proyección.
    Va mi pregunta ¿si nosotros vamos formando nuestra proyección, nosotros formamos también el tiempo? Y la pregunta es porque sin dudas ahora nuestra percepción del tiempo es más acelerada, sentimos que el tiempo avanza más rápido y los años se pasan rápido.
    Y digo: ¿si es así, los animales de alguna manera están fuera de esa proyección y viven su tiempo propio, verdad?
    Eso explicaría porque viven más años que lo que lo hacían antes o con muchos años vividos a nuestra mirada o contados, ellos sigan mostrando un semblante de animales de menor edad.
    Nosotros hemos cambiado la percepción de nuestra realidad y por lógica del tiempo pero el tiempo de ellos se mantiene tan constante como lo era antes y lo supo ser también nuestro tiempo.
    Buen punto para filosofía de vida Sabio 😉
    Buena pregunta para desmenuzar nuestra realidad virtual o real también 😉
    Abrazo enorme 🥰

    1. Tona, qué hermoso hilo has armado 🙏

      Tu pregunta habla de algo que todos sentimos o venimos notando pero pocos saben explicarlo, que el tiempo no es un río que corre igual para todos, sino una proyección que cada conciencia teje según su propio grado de vibración. Caminamos por el mismo sendero cuando decís que quizás somos nosotros quienes vamos formando esa realidad temporal — porque si el tiempo fuera una verdad absoluta, universal, no tendría sentido que lo sintamos acelerarse año tras año. Lo que se acelera no es el reloj, es nuestra percepción, cada vez más saturada de estímulo, de ruido, de una colectividad que vibra a un ritmo cada vez más frenético.

      Y ahí está lo bello de tu observación sobre los animales, que ellos no cargan con esa fiebre colectiva. No están atrapados en el mismo campo de pensamiento acumulado que nosotros mismos alimentamos día a día con nuestras prisas, nuestras pantallas, nuestra ansiedad compartida. Su tiempo permanece más cercano al pulso original, al latido de la tierra, sin la interferencia de esa nube de urgencia que los humanos hemos ido tejiendo entre todos. Tal vez por eso los sentimos «más jóvenes» durante más tiempo — porque ellos siguen sintonizados con un tiempo más puro, menos deformado, mientras nosotros nos alejamos cada vez más rápido de ese centro quieto.

      Lo que planteás del astral confirma algo que muchos maestros y tradiciones — de oriente y de las raíces originarias de nuestros pueblos — han mencionado siempre, que el tiempo lineal es una condición de esta dimensión, una regla del juego que aceptamos al encarnar aquí. Fuera de este cuerpo, fuera de esta «pantalla» de experiencia, el tiempo se disuelve en un eterno presente. Así que si estamos, formando nuestra proyección, entonces también estamos formando el tiempo que la habita. Y eso es una mirada muy diferente, significa que podemos, aunque sea por instantes, salir de esa carrera colectiva y recordar el ritmo más lento y sabio que los animales nunca olvidaron.

      Gracias por desmenuzar con tanta lucidez esta realidad que compartimos, Tona. Preguntas así son las que mantienen viva la llama de este espacio.

      Un abrazo enorme también para vos. 🐾✨

      1. No existe el ‘tiempo’ – solo la ilusión simulada de él y los animales son ajenos a toda simulación salvo la nuestra con respecto a ellos.

Los comentarios están cerrados.

error: Blog de los Sabios!!
Scroll al inicio